martes 9 de febrero de 2010

Concurso Sacerdotal en Catholic.net


Querido sacerdote:
Está cordialmente invitado a participar en el “concurso Anécdotas Sacerdotales", organizado por el portal Catholic.net y el Instituto Sacerdos.


PREMIO
El ganador será premiado con un viaje a Roma, con ocasión de la clausura del año sacerdotal. En caso de que resida en Italia, el premio será un viaje a Tierra Santa.


CONCURSO
Sólo tiene que enviarnos una breve narración de la experiencia más hermosa de su ministerio sacerdotal, antes del 19 de marzo de 2010, utilizando el formulario de inscripción.


domingo 7 de febrero de 2010

El Papa invita a los sacerdotes a tomar parte en el Encuentro Internacional de Sacerdotes



El Papa invita a los sacerdotes a tomar parte al Encuentro Internacional de Sacerdotes con ocasión de la clausura del Año Sacerdotal, en Roma, 9-11 junio 2010
“Que el Año Sacerdotal sea una ulterior ocasión para los religiosos presbíteros, para intensificar el camino de santificación, y para todos los consagrados y las consagradas, un estímulo para acompañar y apoyar su ministerio con oración ferviente. Este año de gracia tendrá un momento culminante en Roma el próximo junio, en el encuentro internacional de los sacerdotes, al que invito a cuantos ejercen el Sagrado Ministerio”.
Papa Benedicto XVI,
Homilía en las vísperas de la Fiesta de la
Presentación del Señor, 2 febrero 2010

Canción: Pescador de hombres

sábado 6 de febrero de 2010

Pensamientos para la mañana


Por la mañana, al despertaros, pensad en seguida en Dios y haced sin demora la señal de la cruz, diciéndole: Dios mío, os entrego mi corazón, y pues, sois tan bondadoso al concederme un día más, hacedme la gracia de que cuanto haga en él no sea sino para gloria vuestra y bien de mi alma. ¡Ay! -debemos decirnos a nosotros mismo -¡cuántos han caído en el infierno dede ayer, que quizás eran menos culpablas que yo! Preciso es, pues, que me porte mejor de lo que me he portado hasta ahora.
Ya desde aquel momento habéis de ofrecer a Dios todas las acciones del día, diciéndole: Recibid, oh Dios mío, todos los pensamientos, todas las acciones que yo haga en unión de lo que vos sufristeis durante vuestra vida mortal por amor de mí. Jamás debéis olvidaros de hacer este acto; pues, para que nuestras acciones sean meritorias para el cielo, es necesario que las hayamos ofrecido a Dios, sin lo cual quedarían sin recompensa. Llegada la hora de levantaros, hacedlo con recompensa. Llegada la hora de levantaros, hacedlo con prontitud; guardaos de dar oído al demonio, que os tentará a que os quedéis un poco mñas en la cama, para que dejéis vuestera oración o la hagáias distraidos pensando que os esperan o que vuestro trabajo corre prisa.
San Juan Maria Vianney, el santo cura de Ars
Sermon sobre la santificación del cristiano

jueves 4 de febrero de 2010

Beato Manuel González: El arte de la chifladura por el Corazón de Jesús


¿Como? He aquí nuestro procedimiento: comienza uno por chiflarse por el Corazón de Jesús, o, más bien, por pedirle que lo chifle en cuanto antes por Él. A petición tan razonable el nunca se niega. Despues, o al mismo tiempo, se propone uno no dejar escapar ocasión sin decir o hacer algo que sepa a Corazón de Jesús.
Corazón Santísimo de nuestro Rey Jesús, Amo de todas nuestras obras, principio, medio y fin de todas ellas, por quien suspiramos y para quien trabajamos. Amo querido y amor de nuestro amores, bendice a tus chiflados y chifladas y consérvales y auméntales su chifladura.
Chiflados por ti queremos vivir y chiflados quisieramos a nuestro hermanos, a nuestro vecinos, a los hombres todos. Chiflado quiere y alentador de chifladuras "El Granito de Arena", y chifaldo y mas chiflado que todos por Ti, que ser el que escribe estas páginas.
Resumen de todo lo dicho: que el medio, sobre todo medio, el siempre eficaz, el medio número uno para hacer de las almas entreveradas, almas piadosas, almas sublimes y de una parroquia muerta, una parroquia viva, es la devoción sólida, afectuosa y expansiva al Sagrado Corazón de Jesús, vivo en el Sagrario y en él buscado, comido, consolado, imitado y amado hasta volverse loco.
Y al que aún le quedare un poquito de duda diré lo que Santa Teresa, recomendando la eficacia de la devoción a San José: ¡que haga la prueba!
Péro conózcase o no se conozca el fruto, queda fuera deduda que le cura no debe aburrirse dentro de su iglesia, porque puede hacer mucho.

Tomado de la Revista El Granito de Arena
Enero 2010

domingo 24 de enero de 2010

Seguirte es mi vocación

Luis Alfredo: Consagrado a ti

viernes 22 de enero de 2010

Cartas de Santa Teresita al abate Bellière, hermano espiritual (V)


J.M.J.T.
9 de junio de 1897
Querido hermanito:
Esta mañana recibí su carta, y aprovecho un momento en que la enfermera está ausente para escribirle unas últimas palabras de adiós; cuando las reciba, ya habré dejado el destierro... Su hermanita estará unida a su Jesús para siempre; entonces podrá alcanzarle gracias y volar con usted a las lejanas misiones. ¡Qué contenta estoy de morir, querido hermanito...! Sí, estoy contenta, no porque vaya a verme libre de los sufrimientos de aquí abajo (al contrario, el sufrimiento es la única cosa que me parece deseable en este valle de lágrimas), sino porque veo muy claro que ésa es la voluntad de Dios. Nuestra Madre querría retenerme en la tierra. En este momento se está diciendo por mí un novenario de misas a Nuestra Señora de las Victorias, que ya me curó una vez en mi niñez; pero creo que el milagro que ahora haga no va ser otro que el de consolar a nuestra Madre, que me ama tan tiernamente.
Querido hermanito, en el momento de comparecer delante de Dios, comprendo mejor que nunca que sólo una cosa es necesaria: trabajar únicamente por él y no hacer nada por uno mismo ni por las criaturas. Jesús quiere adueñarse por entero de su corazón, quiere que sea usted un gran santo. Para ello tendrá que sufrir mucho, pero también ¡qué alegría inundará su alma cuando llegue al momento feliz de su entrada en la vida eterna...! Hermano mío, pronto iré a ofrecer su amor a todos sus amigos del cielo y a pedirles que le protejan. Quisiera decirle, querido hermanito, un montón de cosas que comprendo ahora que estoy a las puertas de la eternidad. Pero no muero: entro en la vida, y todo lo que no puedo decirle aquí abajo se lo haré entender desde lo alto de los cielos... Hasta Dios, hermanito, rece por su hermanita que le dice: Hasta pronto, ¡hasta vernos en el cielo...!
Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind

jueves 21 de enero de 2010

Beato Marcelo Spinola: El sacerdote y el pueblo (XVIII)


El Sacerdote es el hombre del pueblo; «dispensator myste­rium»; el pueblo se divide en varios grupos, quizá el más numeroso es el de los pecadores. ¿Qué debe sentir el Sacerdote de los pecado­res? ¿Qué debe hacer en pro de ellos? ¿Qué puede prometerse de sus trabajos? Dios siempre misericordioso. Jesucristo y la adúltera. Jesucristo y los fariseos. Jesucristo sobre Jerusalén. Jesucristo en el Gólgota. El Sacerdote debe tener compasión. Qué hacer. Jesucristo baja del cielo, busca al pecador, trabaja por él, le brinda perdón. ¿Qué puede prometerse de sus trabajos? Parábola de la oveja perdida.
Nuestro agradecimiento al Rvdo. D. Ignacio Gillén

lunes 18 de enero de 2010

ORACION POR LOS SACERDOTES (IN PERSONA CHRISTI)

Nuestro agradecimiento a Fabio Arce

por enviarnos este hermoso montaje

domingo 17 de enero de 2010

Reflexión mensual de Mons. Mauro Piacenza (IV), secretario de la Congregación para el Clero (15-1-10)

“Te pedimos, Padre Todopoderoso,
que confieras a estos siervos tuyos
la dignidad del presbiterado;
renueva en sus corazones el Espíritu de santidad;
reciban de Ti el sacerdocio de segundo grado y sean,
con su conducta, ejemplo de vida”

Pontificale Romanum.
De Ordinazione Episcopi, presbyterorum et diaconorum,
editio typica altera,
Typis Polyglotis Vaticanis 1990
_______________________________________
Vaticano a 15 de enero de 2010
Queridos hermanos en el Sacerdocio:
La parte esencial de la oración consagratoria nos recuerda como el Sacerdocio es esencialmente un don y, propio en la óptica del “don sobrenatural”, éste posee una dignidad que todos, fieles laicos y clero, deben reconocer. Se trata de una dignidad que no proviene de los hombres, sino que es puro don de la gracia, al cual uno ha sido llamado y que nadie puede exigir como un derecho. La dignidad del presbiterado, donada por el “Padre Todopoderoso”, debe aparecer en la vida de los sacerdotes, en su santidad, en su humanidad dispuesta a acoger, en su humildad y caridad pastoral, en la luminosidad a la fidelidad al Evangelio y a la doctrina de la Iglesia, en la sobriedad y solemnidad de las celebraciones de los divinos misterios, en el hábito eclesiástico. En el Sacerdote todo debe recordar – a él mismo y al mundo – que ha sido objeto de un don sin merecerlo y que no se puede merecer, que lo convierte en presencia eficaz del Absoluto en el mundo para la salvación de los hombres.
El Espíritu de santidad, del que se renueva la implorada efusión, es la garantía para poder vivir “en santidad” la vocación recibida y, al mismo tiempo, la condición de la misma posibilidad en “cumplir fielmente el ministerio”. La fidelidad es el encuentro espléndido entre la libertad fiel de Dios y la libertad creada y herida del hombre, quien, sin embargo, por la potencia del Espíritu, llega a ser capaz sacramentalmente de “guiar a todos hacia una íntegra conducta de vida” No hay que reducir el ministerio presbiteral a categorías moralizantes; tal exhortación indica la “plenitud” de la vida, una vida que sea realmente tal y que sea íntegramente cristiana.
El Sacerdote, revestido del Espíritu del Padre todopoderoso, ha sido llamado a “guiar” – con la enseñanza y la celebración de los sacramentos y, sobre todo, con la propia vida – el camino de santificación del pueblo que le ha sido encomendado, bajo la certeza que es éste el único fin por el cual el mismo presbiterado existe, el Paraíso.
El don del Padre hace que “sus hijos-Sacerdotes” sean los predilectos; una portio electa populi Dei, que ha sido llamada a “ser elegida” y a brillar con la santidad de la vida y el testimonio de la fe.
La memoria del don recibido, siempre renovado por el Espíritu, y la protección de la Bienaventurada Virgen María, Esclava del Señor y Tabernáculo del Espíritu Santo, hagan que cada uno de los Sacerdotes “cumplan fielmente” la propia misión en el mundo a la espera del premio eterno reservado a los hijos elegidos, que son también herederos.
+Mauro Piacenza
Arz. Titular de Vittoriana
Secretario

Palabras sobre el Matrimonio

Cuán felices serían los cristianos, si tuviesen el acierto de imitar a esos devotos esposos que invitaron a Jesucristo a que asistiese a sus bodas, les bendijese y les comunicase las gracias necesarias para su santificación; más, hermanos míos, son muy pocos los que hacen lo debido para empeñar a Jesucristo a asistir a sus bodas a fin de las bendiga: al contrario, parece que se toman todas las precauciones para alejarlo. (...)
¿Qué es lo que un cristiano debería hacer para recibir dignamente este sacramento? Lo mejor sería prepararse interiormente haciendo una buena confesión y emplear santamente el día de sus esponsales; lo que se habría podido gastar, repartirlo entre los pobres, a fin de atraer sobre sí la bendición divina. El día del casamiento, vayan los esposos a la Iglesia ya a primera hora, para implorar los auxilios y las luces del Espíritu Santo al recibir la bendición nupcial. Que la sangre de Jesucristo se derrame sobre sus almas. El día de la boda porcuren pasarlo en la presencia de Dios pensando cuán malo estaría profanar aquella santa jornada. Despues del casamiento, deben acudir a un confesor a fin de que los instruya, para que no se pierdan por ignoracia, o mejor, para que puedan conducirse como verdaderos hijos de Dios.
¡Felices los cristianos que ingresan con buenas disposiciones y perseveran en ellas hasta el fin! Esto es lo que os deseo...

San Juan MAría Vianney, el Santo Cura de Ars
Sermón sobre el Matrimonio.

jueves 14 de enero de 2010

Oración del monaguillo por su sacerdote

Señor Jesús, Buen Pastor;
Tú has dado tu vida por los hombres porque los amas, y toda tu vida te has preocupado de que todos sean felices: bendecías a los niños, escuchabas a los que necesitaban compañía, atendías a los enfermos, enseñabas el camino al cielo con tus palabras, ayudabas a los necesitados.
Te pido por Don N. (nombre), mi párroco, el cura de mi parroquia. Él dice que quiere ser como tú, que un sacerdote es el reflejo de tu amor en este mundo. Haz que él también se preocupe por todos nosotros como un padre, que especialmente cuide de los que más lo necesitan. Que siga siendo paciente con los más jóvenes, bondadoso con los ancianos, alegre con los niños; que nunca se canse de hacerte presente en medio de todos al celebrar la Santa Misa.
Él vive contigo porque eres su mejor amigo, por eso, que cuando nos hable en tu nombre, su palabra nos ayude a conocerte mejor, a tí y tu evangelio; que cuando perdona nuestro pecados sus ojos sigan brillando de cariño, que cuando nos consuela en los momentos difíciles, su presencia sea el consuelo que más necesitamos.
Cuida a tu sacerdote, Jesús, que sea el amor de tu Corazón. Amén.
Revista Mesaret nº90

martes 12 de enero de 2010

Beato Manuel González, obispo: El Corazón de Jesús al corazón del sacerdote (V)


Súplica
que podría proceder a cada uno
de estos ratos de Sagrario

Corazón de mi Jesús Sacramento: con mucha pena de ser como soy y con muchas ganas de ser como tú quieres que sea, vengo a echar contigo este rato de conversación afectuosa para tu mayor gloria, honor de mi Madre Inmaculada y provecho de mi alma.
Ángel de mi guarda y San José: Enseñadme a oír y a hablar a Jesús.




V
¡HOMBRE DE POCA FE!

Modicae fidei...
Mt 8, 26


Conoces la historia de esas dos palabras, ¿verdad?
Por lo menos el principio de esa historia.
Puedo decirte que esa historia, que tú conoces, no es otra que el principio de una historia que todavía no se ha acabado de respresentar.
Aquellas escena del apóstol mío sumerfiñendose en las aguas por falta de fe en Mí, ¡se produce tanto! y he tenido y tengo a tantos que repetir desde mi Sagrario, al par que les doy la mana, para que no se ahoguen:
¡Hombre de poca fe!
Yo estoy cierto que mis Sacerdotes creen en Mí y que con gusto daría su sangre por confesarme DIos y Hombre verdadero realmente presente en la Hostia consagrada; pero también estoy cierto de que ¡siento palpitar tan poco en torno mío la vida de fe!


Fe muerta o mortecina

¡Hombre de poca fe!
¿Encuentro tan poca fe vica en torno mío que algunas veces, muchas veces, podrían de nuevo mis Evangelistas escribir aquella desoladora frase: Neque fratres eius credebant in eum! (Jn 7,5) Ni sus hermanos creían en él.
¿Podría explicarse de otros modo tanto desaliento de los míos, tanto criterio humano o terreno en materia de suyo sobrenaturales, tanto afán de premio de tierra, comodidad de tierra, de honor de tierra, de vida de tierra, tanto lamentarse y entristecerse y desesperarse como si Yo no fuera Yo y no estuviera donde estoy, tanto contar con el hombre y con su pobre y desmedrado de poderío y tan poco contar conmigo, tanto amor de sí y tan poco amor de mí?
Sacerdote mío, ¿cverdad que todo eso es falta de fe viva o sobra de fe muerta o amortiguada? ¿Verdad que tengo razón de quejarme de la poca de fe de los míos y de echar sobre ellos el reproche del vacilante Pedro: "Hombre de poca fe"?
¡Si se creyera en mí!


Fe viva

Pero, ¡con lógica, con consecuencia, con formalidad y con constancia!
Si con esa fe se creyera en mi Sagrario, ¿quién te ha dicho que habría tanto sacerdote fluctuante en las congojas de desaliento y del pesimismo o ahogado entre las olas turbias de tentaciones y tibiezas?
Tú al menos, sacerdote, que me visitas en mi Sagrario, cree así en mí.
Y creyendo en mí, verás como tienes fe en tu ministerio, que es divino; en tu palabra, que es mía; en tu oración, que es de la Iglesia; en tu accion, que es ministerial; hasta en tu presencia , que me representa a mí!
Y con esa fe verás que acompañado te sientes y con qué decisión y firmezo andas sereno sobre todas las olas reales y simbólicas y hasta sobre brasas encendidas sin mojarte ni quemarte.
Sacerdote, ¡si creyeras del todo y siempre en Mí!...
¡Qué feliz vivirías, qué seguro andarías, qué claro verías, que resueltamente saltarías por encima de todos los obstaculos, con qué paz avanzarías cogido de la mano de mi Madre INmaculada y apoyado sobre mi pecho!
¡Sacerdote, amigo mío, cree en mí y fiate de mí!
***
Respuesta salmo 30: In te, Domine, speravi


lunes 11 de enero de 2010

Palabras sobre el misterio de la Encarnación


¿A un moribundo sumamente apegado a la vida puede acaso dársele más dichosa nueva que decirle que un médico hábil va a sacarle de las puertas de la muerte? Pues infinitamente mas dichosa, hermanos míos, es la que el angel anuncia hoy a todos los hombres en la persona de los pastores. Sí, hermanos míos, el demonio había inferido, por el pecado, las más crueles y mortales heridas a nuestras pobres almas. Había plantado en ellas las tres pasiones más funestas, de donde dimana todas las demás, que son el orgullo, la avaricia, la sensualidad. Habienda quedado esclavos de estas vergonzosas pasiones, éramos todos nosotros como enfermos desahuciados, y no podíamos esperar mñas que la muerte eterna, si Jesucristo, nuestro verdadero médico, no hubiese venido a socorrernos. Pero no, conmovido por nuestra desdicha, dejó el seno de su Padre y vino al mundo, abránzándose con la humillación, la pobreza y los sufrimientos, a fin de destruir la obra del demonio y aplicar eficaces remedios a las crueles heridas que nos había causado esta antigua serpiente. Sí, hermanos míos, viene este tierne Salvador para curarnos de todos estos males, para merecernos la gracia de llevar una vida humilde, pobre y mortificada; y a fin de mejor conducirnos a ellas, quiere el mismo darnos ejemplo. Esto es lo que vemos de una manera admirable en su nacimiento.

VEmos que él nos prepara: 1º con sus humillaciones y obediencia, un remedio para nuesto orgullo, 2º con su extramada pobreza, un remedio a nuestra afición a los bienes de este mundo, y 3º con su estado de sufrimiento y de mortificación, un remedio a nuestro amor a los placeres de los sentidos. Por este medio, hermanos míos, nos devuelve la vida espiritual que el pecado viene a abrirnos las puertas del cielo que el epcado nos había cerrado.


San Juan María Vianney, Santo Cura de Ars

Sermón sobre el Misterio