sábado, 23 de mayo de 2015

PENSAMIENTOS SACERDOTALES. San Juan Bautista de Rossi

San Juan Bautista de Rossi, presbítero, que atendió en la Ciudad Santa a los pobres y a los más marginados, instruyendo a todos en la santa doctrina. († 1764)
 ***
"Aprended con mi ejemplo a no fiaros ciegamente de vuestro propio juicio, sino a seguir el consejo de vuestro confesor antes de abrazar un ejercicio."

"Si no se me hubiera detenido en los éxitos académicos, habría sucumbido también a la tentación del orgullo y de la ambición"

"Es para hacerles salir del infierno interior en que se hallan; una vez aliviada su conciencia, las penalidades de la detención son más fáciles de aceptar y, de ese modo, consiguen soportarlas en expiación de sus pecados."

"Anteriormente no conocía la vía más directa para ir al cielo; a partir de ahora estoy convencido de que consiste en hacer una buena confesión."

"La catequesis vale más que una cuaresma bien observada."

"Considero la muerte con serenidad, sin temor; estimo que este sentimiento de plena seguridad es una gracia especial de Dios y espero que el Señor me la concederá en la postrera hora mediante su amor y en razón de la caridad que profeso a sus pobres."

"Antes yo me preguntaba cuál sería el camino para lograr llegar al cielo y salvar muchas almas. Y he descubierto que la ayuda que yo puedo dar a los que se quieren salvar es: confesarlos. Es increíble el gran bien que se puede hacer en la confesión."


"No hay mejor manera de garantizar la honestidad y la integridad en las confesiones como la amabilidad y la gentileza del confesor, porque tales formas dan coraje al más tímido y más reacio a abrir su conciencia."

miércoles, 20 de mayo de 2015

LA PREDICACIÓN Y LOS PREDICADORES. San Bernardino de Siena


La fama de Bernardino en sus días se basó sobre todo en su extraordinario poder como predicador; de hecho, es una gran fortuna poseer un gran número de sus sermones, los que nos dan una idea bastante clara de cómo era su predicación. Pero antes de abordar sus sermones desde una perspectiva general, puede ser muy interesante citar algunos pasajes que nos dan su visión concreta acerca de la predicación y de los predicadores.
El siguiente estracto de uno de los sermones en Siena nos da su idea de la importancia de la predicación: "¡Cuántos habrá el día de mañana que digan 'no sabía lo que estaba haciendo; pensaba que estaba haciendo el bien, pero estaba haciendo el mal'! Pero al escuchar un sermón, uno dice para sí: '¡ahora sé claramente lo que tengo que hacer! ... Y cuando estén por realizar alguna acción, primero lo pensarán dos veces, dicendo, '¿qué fue lo que dijo Fray Bernardino?' Y se lo repetirán una y otra vez: 'esto está mal, no se debe hacer; esto es bueno, ¡lo haré!' ¡Y todo esto por la palabra que escucharon durante el sermón! Pero, díganme: ¿qué sería del mundo, es decir, de la fe cristiana, si no hubiera predicación? En poco tiempo moriría ..."
[Estos comentarios demuestran el extraordinario sentido práctico de Bernardino en lo que concierne a la predicación. Para él, se trataba fundamentalmente de inspirar en las personas pensamientos y afectos que finalmente apunten a transformar la propia acción para que sea más acorde con el Evangelio. ¿Qué otro sentido podría tener la predicación? Por eso es tan importante lo que hemos repetido muchas veces acerca de la homilía, ¡la forma es importante! porque ella es la que deja huella en la memoria y en los sentimientos de la persona. Tal vez en una conferencia teológica sí, pero en una homilía no se trata de dar un contenido teórico y sistemático, sino de comunicar la urgencia de la conversión en los oyentes; claro que esto se puede lograr de muchas maneras, unas más directas que otras, pero es ese siempre el objetivo.]
... Es por todo ello que la Iglesia ha ordenado que, por obligación, haya predicación al menos los domingos; puede ser corta o larga, pero lo importante es que haya. ¿Cómo podría uno creer en el Sacramento del Altar si no fuera por el sermón que se acaba de escuchar? ¿Cómo podría uno darse cuenta de sus pecados, si fuera por la predicación de los sacerdotes? Casi todo lo que uno sabe acerca de la fe viene por la predicación que llega a los propios oídos; se pasa del conocimiento a la fe. Todo lo que sabes y todo lo que tienes viene de la Palabra de Dios; y, como regla general, lo que poseemos en relación con la fe en Jesús viene casi exclusivamente de la predicación; mientras haya predicación la fe no desaparecerá. "
En otra de sus obras, 'De Evangelio Aeterno' (II, 61), San Bernardino señala: "La gente que vive sin la Palabra de Dios, aunque atiendan a la Misa, son como el mundo sin sol".
En relación con los predicadores y su preparación, Bernardino hace una pequeña síntesis en su sermón n. 58 (idem, II, 396); luego de hablar de las excelencias de la predicación de San Francisco, observa que existen tres clases de predicadores: "Algunos -dice- blanden la espada de su discurso con sus manos pero no llevan en su boca aquella semilla -como dice Lucas VIII- que es la Palabra misma de Dios; estos son los que tienen vida pero no aprenden, y sobre ellos Jerónimo dice en su 'Prólogo a la Biblia' que "la santa ignorancia sólo saca provecho para sí misma; y en proporción a la edificación que brinda a la Iglesia de Cristo por su vida meritoria, es el daño que hace cuando no puede defenderla de sus opositores" [esto, evidentemente, sólo se podría aplicar a los que son ignorantes cumpablemente, pero no a la persona simple que ha tenido escasas oportunidades para instruirise pero tiene una fe sólida y profunda]. Por otra parte, hay quienes llevan la semilla de la Palabra de Dios en la boca, pero no en sus manos, y estos son los que tienen el conocimiento pero no la vida; en palabras de nuestro Señor (Mateo XXIII) son 'los que dicen pero no hacen'. En tercer lugar están aquellos -¡y son pocos!- que llevan esa semilla en la boca y en las manos, y sobre ellos se dice (Mateo V) 'aquel que enseña y cumple será grande en el Reino de los Cielos'."
En otro pasaje de la obra citada de Bernardino (idem II, 11) afirma que el predicar debe adaptarse a los diferentes tipos de audiencia. Debe convencer a la razón intelectual del hombre, debe atraer sus emociones y afectos, y debe ablandar al pecador endurecido con el sano temor al juicio divino. Pero sobre todo, sin miedo pero con delicadeza, debe proclamar la verdad de Dios. Esto es lo que encontró Bernarndino por experiencia como el camino más efectivo para ganar la aceptación de sus oyentes; pues, "no todos entre ellos son tan ignorantes o tan ciegos para no captar la diferencia entre un charlatán y un predicador de la Verdad. Pero si algunos se irritan bajo la reprensión de la Verdad, tales son dignos de lástima por su locura y enfermedad, pero sus quejas indignadas no deben ser escuchadas" (idem, sermón 18).
A un predicador que alguna vez le preguntó cómo mejorar sus propios sermones, Bernardino respondió: "Desde que comencé a predicar he tratado de no pronunciar palabra que no sea para gloria y honor de Dios; y a esta regla que he tratado siempre de observar debo cualquier aprendizaje, elocuencia, preparación o influencia que haya podido ganar".
[Como se vé, lejos de una piedad melindrosa, lo de Bernardino, como es el caso de muchos santos predicadores, era una fuerza comunicativa hecha de una mezcla extraordinaria de profundidad espiritual y ciencia práctica.][Tomado de: "San Bernardino de Siena", de A. G. Ferrers Howell, cap. III - Los sermones de San Bernardino (pag. 218-220).] en http://artedepredicar.com/

miércoles, 6 de mayo de 2015

SELECCIÓN DE TEXTOS SOBRE LA EUCARISTÍA Y EL SACERDOCIO. San Juan de Ávila


http://www.vidasacerdotal.org/
Cosa nunca oída ni vista, que hallase Dios manera cómo, subiéndose al cielo, se quedase acá su misma persona por presencia real, encerrada y abreviada debajo de unos accidentes de pan y vino; y con inefable amor dio a los sacerdotes ordenados... que, diciendo las palabras que el Señor dijo sobre el pan y vino, hagan cada vez que quisieren lo mismo que el Señor hizo el Jueves Santo (Sermón 35, 217).

Señor... encumbraste tu amor, que no tiene tasa, y ordenaste por modo admirable cómo, aunque te fueses al cielo, estuvieses acá con nosotros; y esto fue dando poder a los sacerdotes para que con las palabras de la consagración te llamen, y vengas tú mismo en persona a las manos de ellos, estés allí realmente presente, para que así seamos participantes en los bienes que con tu Pasión nos ganaste; y le tengamos en nuestra memoria con entrañable agradecimiento y consolación, amando y obedeciendo a quien tal hazaña hizo, que fue dar por nosotros su vida.
La intención del Señor ésta fue; y la misa representación es de su sagrada pasión de esta manera: que el sacerdote, que en el consagrar y en los vestidos sacerdotales representa al Señor en su Pasión y en su muerte, que le representa también en la mansedumbre con que padeció, en la obediencia, aun hasta la muerte de cruz, en la limpieza de la castidad, en la profundidad de la humildad, en el fuego de la caridad que haga al sacerdote rogar por todos con entrañables gemidos, y ofrecerse a sí mismo a pasión y muerte por el remedio de ellos, si el Señor le quisiere aceptar.
Esta es la representación de la sagrada Pasión que en la misa se hace; y esto significa tender los brazos en cruz al sacerdote, el subirlos y bajarlos, sus vestiduras, y todo lo demás. Y con este representación, el Eterno Padre es muy agradado, el Hijo de Dios bien tratado y servido (Tratado del Sacerdocio, 25-26).

Cristo esta como “encerrado en un sagrario y encarcelado... por el grande amor que nos tiene. El mismo se deja prender... en cárcel de amor. Quítale el amor con que allá está, y verás que es incomportable estar donde está (Sermón 43, 383).

La mejor prenda que tenía te dejó cuando subió allá, que fue el palio de su carne preciosa en memoria de su amor (Tratado del Amor de Dios, 14, 544).

Encerró Dios en ese Sacramento santísimo todas sus maravillas pasadas... Pues aquí en el Sacramento hallaréis todo eso que ha ya tantos años que pasó; pues ésa es la virtud que tiene este santísimo Sacramento, como la que tenía el maná que cayó del cielo (Sermón 41, 215).

Y ofreciéndote a si de esta manera, haces al Señor más señalados servicios en esto que si mil mundos le dieses ... Él mismo se ofrece a Dios en recompensa de que el mismo Dios se da a Él (Sermón 43, 677 ss).

¿Quién vio, quién oyó que Dios se diese en manjar a los hombres y que el Criador sea manjar de su criatura? ¿Quién oyó que Dios se ofreciese a ser deshonrado y atormentado hasta morir por amor de los hombres, ofendedores de El? (Sermón 33, 20)

Manso va el Señor y callado como un cordero, y con entrañas encendidas de amor para darnos lo que nos cumple; y todo lo que allí se ve y se cree nos convida a que nos lleguemos a El, a recebir de su mano el perdón y la gracia (Sermón 36, 213ss).

Pues ¿qué gracias te daré, Señor? ¿Cómo te alabaré por tal dádiva como ésta? ¿Dónde merecí yo tal honra? ¿Dónde me vino tal dignidad que quieras tú, Dios mío hacerme participante de ti? ¿Cuál de tus beneficios se puede igualar a éste? Grandísimo es el beneficio de tu encarnación, en el cual tuviste por bien de tomar mi humanidad en ti; mas aquí dasme la humanidad junto con la divinidad, para que, recibiéndola y encorporándola conmigo, venga a hacerme una cosa contigo(Meditación del beneficio que nos hizo el Señor).

Sacramento de amor y unión, porque por amor es dado, amor representa y amor obra en nuestras entrañas ... todo este negocio es amor (Sermón 51, 759).

¿Qué cosa es una hostia consagrada sino una Virgen que trae encerrado en sí a Dios? (Sermón 4, 329)

Y así hay semejanza entre la santa encarnación y este sacro misterio; que allí se abaja Dios a ser hombre, y aquí Dios humanado se baja a estar entre nosotros los hombres; allí en el vientre virginal, aquí debajo de la hostia; allí en los brazos de la Virgen, aquí en las manos del sacerdote (Sermón 55, 235/Carta 122)

¡Oh maravilloso trueco el que con nosotros, Señor, heciste! Tomaste de nosotros nuestra flaca y mortal humanidad, dístenos en su lugar tu admirable y excelentísima dignidad. Verdaderamente todo el tesoro de tu gracias derramaste sobre nosotros, y abierto el corazón que tenías de padre, rompiste las venas de tu excelentísima caridad y dejástelas correr sobre nosotros (Meditación del beneficio que nos hizo el Señor).

¿Con qué agradecimiento serviremos a Dios esta merced? ¡Cuán grande ha de ser nuestra santidad y pureza para tratar a Jesucristo, que quiere ser tratado de brazos y corazones limpios, y por eso se puso en los brazos de la Virgen, y José fue también virgen limpísimo, para dar a entender que quiere ser tratado de vírgenes (Sermón 4, 338/Carta 6, 88).

¡Oh manjar divino, por quien los hijos de los hombres se hacen hijos de Dios y por quién vuestra humanidad se mortifica para que Dios en el ánima permanezca! ¡Oh pan dulcísimo, digno de ser adorado y deseado, que mantienes el ánima y no el vientre; confortas el corazón del hombre y no le cargas el cuerpo; alegras el espíritu y no embotas el entendimiento; con cuya virtud muere nuestra sensualidad, y la voluntad propia es degollada, para que tenga lugar la voluntad divina y pueda obrar en nosotros sin impedimento! ¡ Oh maravillosa bondad que tales mercedes quiso hacer a tan viles gusanillos! ¡Oh maravilloso poder de Dios, que así puso, debajo de especie de pan, su divinidad y humanidad y partirse él en tantas partes, sin padecer él detrimento en sí! ¡ Oh maravilloso saber de Dios, que tan conviniente y tan saludable medio halló para nuestra salud! Convenía, sin duda, que por una comida habíamos perdido la vida, por otra la cobrásemos, y que así como el fructo de un árbol nos destruyó a todos, así el fructo de otro árbol precioso nos reparase a todos. Venid, pues, los amadores de Dios y asentaos a esta mesa (Meditación del beneficio que nos hizo el Señor).
¡Cuánto se enternece el corazón de un buen sacerdote cuando, teniendo al Hijo de Dios en sus manos, considera en cuán indignas manos está, comparándose con las manos de Nuestra Señora! Y, cierto, no se pudo hallar espuela que así aguijase e hiciese correr a un sacerdote el camino de la perfección, como ponerle en sus manos al mismo Señor de cielos y tierra que fue puesto en las manos de una doncella en la cual Dios se revió, dotándola y hermoseándola de innumerables virtudes (Tratado del sacerdocio, 21).

Muchas cosas se requieren para complir con la obligación del oficio de cura de almas; porque, si miramos a la dignidad sacerdotal que le es aneja, conviene tener ferviente y eficaz oración y también santidad. Lo cual ha de ser con tanta más ventaja en el cura cuanta mayor y más particular obligación tiene de dar buen ejemplo a sus parroquianos, y de interceder por ellos ante el divino acatamiento de Dios, con afecto de padre y madre para con sus hijos, pues se llama padre de sus parroquianos (Tratado del sacerdocio, 36).


El Señor manda a los pastores de las ovejas racionales que esfuercen lo flaco, que sanen lo enfermo, que aten lo quebrado, que reduzcan lo desechado y busquen lo perdido; para lo cual son menester muchas y muy buenas partes, porque no en balde dijo San Gregorio: «Ars artium, regimen animarum» (Tratado del sacerdocio, 37).

lunes, 27 de abril de 2015

ORACIÓN POR LOS MINISTROS DE LA IGLESIA. Oración de Santa Catalina de Siena


ORACIÓN POR LOS MINISTROS DE LA IGLESIA. 
Oración de Santa Catalina de Siena
¡Deidad, Deidad, eterna Deidad! Confieso y no niego que eres mar de tranquilidad, donde se alimenta y nutre el alma que conforma su voluntad con tu elevada y eterna voluntad, que no desea sino nuestra santificación. Por eso, el alma que esto medita se despoja de su voluntad y se viste de la tuya.
¡Oh Amor dulcísimo! Me parece señal muy cierta de que se hallan en ti los que siguen tu voluntad a tu modo y no al suyo. El mejor indicio de que se han revestido de tu voluntad es que la buscan y no la de las criaturas racionales, y el no alegrarse de las cosas prósperas, sino de las adversas, a las que consideran ordenadas por tu voluntad, que se mueve únicamente por amor. Por eso aman las cosas como creadas por ti y a todas las juzgan buenas, y por lo tanto, dignas de amor; excepto el pecado , que no procede de ti, y , por consiguiente, no es digno de ser amado. Yo miserable entre los miserables, pequé amando el pecado.
Pequé contra el Señor; ten misericordia de mí.
Señor mío: castiga mis pecados. Purifícame, Bondad eterna, inefable Deidad. Escucha a tu sierva, no mires la multitud de mis maldades.
Te ruego que dirijas por el camino de la santísima cruz, a tu modo y no al suyo, el corazón y la voluntad de los ministros de la santa Iglesia, tu esposa. Que te sigan, Cordero degollado, pobre, humilde y manso; que sean criaturas angelicales, ángeles terrestres de esta vida, puesto que han de administrar el cuerpo y la sangre de tu unigénito Hijo, Cordero Inmaculado; que no sean como los animales, porque estos no gozan de la razón y nos son dignos de ti. Reúnelos y báñalos, piedad divina en el mar tranquilo de tu bondad, de modo que, por lo inútil que esperan, no estén perdiendo más tiempo lo que tienen.
Pequé contra el Señor; ten misericordia de mí.

Escucha a tu sierva. Yo miserable, te pido que escuches mi voz que te llama. También te ruego por los hijos que has querido que yo ame con singular amor a causa de tu inestimable caridad, ¡oh suma , eterna e inefable Bondad! Amén. 

miércoles, 22 de abril de 2015

ORACIÓN PIAMARTINA POR LAS VOCACIONES


ORACIÓN PIAMARTINA POR LAS VOCACIONES 
Señor de la Mies, Pastor del rebaño, que resuene en nuestros oídos tu fuerte y suave llamado: “Ven y Sígueme”. Derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo, que nos dé sabiduría para ver el camino, y generosidad para seguir tu voz. Padre bueno, que la mies no se pierda por falta de obreros. Haz que nuestra comunidad se abra a la misión, y despierta entre nosotros muchas y santas vocaciones. Santa María, Madre de Jesús, Madre de la Iglesia, fortalece a los llamados y dónales perseverancia y generosidad. Amén.

sábado, 14 de marzo de 2015

VIA CRUCIS POR LOS SACERDOTES Y CONSAGRADOS EN EL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA


VIA CRUCIS
POR LOS SACERDOTES Y CONSAGRADOS
Compuesto por los sacerdotes
de la Iglesia del Salvador de Toledo - España


OFRECIMIENTO DE OBRAS
DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN
Ven, Espíritu Santo, inflama nuestro corazón en las ansias redentoras del Corazón de Cristo, para que ofrezcamos de veras nuestras personas y obras, en unión con Él, por la redención del mundo.  Señor mío y Dios mío Jesucristo: Por el Corazón Inmaculado de María me consagro a tu Corazón, y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar, con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación de nuestros pecados y para que venga a nosotros tu Reino. Te pido en especial por el Papa y sus intenciones, nuestro Obispo y sus intenciones y nuestro párroco y sus intenciones.

PRIMERA ESTACIÓN.
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE.
Al contemplar a Cristo condenado injustamente, le presentamos a  los sacerdotes y consagrados que por diversas causas y en diferentes situaciones son perseguidos, calumniados, difamados por causa del Evangelio, llegando incluso a la tortura y el martirio. En ellos se cumplen las palabras del Maestro: “Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo." Para ellos pedimos, la fortaleza de ánimo para soportar con alegría los sufrimientos morales y físicos.  V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Al contemplar a Cristo condenado a muerte, queremos también reparar por aquellos sacerdotes y consagrados que son causa de escándalo y piedra de tropiezo, también por aquellos sacerdotes y consagrados que se encuentran en manos de la justicia civil por algún delito. Pedimos para ellos la conversión. R/. Kyrie, eleyson.

SEGUNDA ESTACIÓN.-  
JESÚS CARGA CON LA CRUZ.
Comienza el ascenso al Calvario, monte de salvación, y cargan a Cristo con la cruz, instrumento cruel de tortura, pero que se ha convertido en instrumento de amor. En este comienzo del ascenso, presentamos al Señor  a los sacerdotes más jóvenes y aquellos consagrados que han hecho su profesión recientemente. Se han terminado las mieles del noviazgo (noviciado) y comienza el áspero camino de la entrega diaria y el cumplimiento de las obligaciones de su estado y ministerio. Para ellos pedimos la perseverancia y la valentía para la donación de sí mismos, teniendo presentes las palabras del Maestro: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.” V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Y al ver a Cristo cargado con la cruz, queremos reparar por tantos sacerdotes y consagrados que llevados por el cansancio, el desánimo, la pereza y desidia dejan de cumplir las obligaciones que adquirieron el día de su ordenación y de su consagración, así como las de su ministerio y vida apostólica.  R/. Kyrie, eleyson.

TERCERA ESTACIÓN.-  
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ.
Estremece contemplar a todo un Dios totalmente agotado y extenuado a ras de suelo por el peso de la cruz. Solo hay una explicación: Amor. La vocación del sacerdote y del consagrado es cuestión de amor, un amor que se realiza en la fidelidad y entrega diaria a Aquel a quién se ama. Amor que solo busca el bien del Amado. ¡Sacerdotes y consagrados enamorados del Señor! Pedimos para que nunca su amor se apague, que cada día crezca y aumente más, que aquellos que se han enfriado vuelvan al amor primero que los cautivó. Recordando siempre que “el amor consiste no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.” V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Y contemplando el amor del Señor manifestado en su Pasión, reparemos por aquellos sacerdotes y consagrados que ya no aman, que se han olvidado del sentido de sus vidas, que se conforman con la mediocridad de un vida sin amor. Reparemos también por aquellos que no aspiran a la santidad, que viven abandonados en el pecado, que no frecuentan la confesión.  R/. Kyrie, eleyson.

CUARTA ESTACIÓN.-  
JESÚS ENCUENTRA A SU SANTÍSIMA MADRE.
Jesús y María: el Corazón del Hijo y el Corazón de la Madre. Dos corazones que se palpitan al mismo ritmo, que aman y buscan lo mismo, dos corazones con los mismos sentimientos, con los mismos intereses, dos corazones que se entregan e inmolan.  Presentamos al Señor a los sacerdotes y consagrados: para que sus corazones sean semejantes al de Jesús y al de María. Pedimos también por aquellos que sienten la orfandad al haber perdido a sus seres queridos, particularmente a sus padres, para que la verdad de la resurrección los conforte, recordando las palabras del Maestro: “Todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.” V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Reparamos a los Sagrados Corazones por aquellos sacerdotes y consagrados que viven apegados y dominados por los afectos humanos. Queremos reparar también por aquellos que por falta de confianza en las palabras del Señor y por las renuncias que implican se resisten a seguir la llamada al sacerdocio o la vida consagrada.  R/. Kyrie, eleyson.


QUINTA ESTACIÓN.-  
EL CIRINEO AYUDA A LLEVAR LA CRUZ.
La cruz se hace pesada para el mismo Jesús. Un hombre es obligado por la tropa a ayudarle, pero ¡cuál no sería su dicha! Recordando las palabras del Maestro: “Lo que hagáis a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hacéis”, pedimos por los sacerdotes y especialmente por tantas almas consagradas que dedican sus vidas a la obras de misericordia espirituales y corporales en colegios, centros de atención, hospitales, asilos, residencias  de forma asociada o individual y de muchas otras formas… Pedimos también por los sacerdotes que se encuentran en dificultades tanto físicas como espirituales, para que encuentren siempre ayuda por parte de sus superiores, de sus confesores y directores espirituales, así como de sus comunidades y parroquias. V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Reparamos por aquellos sacerdotes y consagrados que cegados por el egoísmo y la comodidad se hacen indolentes ante el dolor ajeno y cierran sus corazones ante las necesidades de sus hermanos. R/. Kyrie, eleyson.

SEXTA ESTACIÓN.-  
LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS.
Una mujer valiente, sin dejarse llevar por los respetos humanos, sale de entre la multitud para enjugar el rostro ensangrentado de Jesús. En esa mujer vemos la virtud de la piedad y de la delicadeza que los sacerdotes y las almas consagradas han de tener hacia el Señor y hacia sus cosas. ¡Almas piadosas y delicadas! Pedimos por los sacerdotes y consagrados que se esmeran en todo lo relativo a la celebración del oficio y de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, para dar culto a Dios de la mejor manera posible  para que no se desanimen aunque su esfuerzo no sea valorado o incluso a veces sea ridiculizado o criticado.  V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Y al contemplar esta estación, reparamos al Señor por aquellos sacerdotes y consagrados que creen que pueden manipular la liturgia a su gusto y antojo; reparamos también por aquellos que no respetan las normas litúrgicas y celebrativas. Queremos también reparar por aquellos que consienten y callan ante los sacrilegios, profanaciones y blasfemias contra el Señor. R/. Kyrie, eleyson.

SÉPTIMA ESTACIÓN.-  
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ.
Una nueva caída de Jesús en su ascenso al Calvario. ¡Qué frágil te has hecho, Jesús! En esta estación presentamos a los sacerdotes y consagrados que han llegado a la madurez para que a pesar de las dificultades y sufrimientos, a pesar también del propio pecado y fragilidad, sigan esforzándose en la búsqueda de la santidad fortaleciendo su unión con Jesús. Presentamos también al Señor a los sacerdotes y consagrados que se encuentran en crisis, que ha perdido el sentido de sus vidas y de su vocación, para que no sucumban ante la tentación del abandono por una vida más fácil y sin dificultades.  V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Queremos reparar también por aquellos sacerdotes y consagrados que de forma consciente rechazan la llamada de Dios a convertirse, por aquellos que se resisten a obedecer y que no admiten las correcciones y consejos de los superiores.  Reparamos también por aquellos que viven la vocación como una profesión civil y como un medio de vida más. R/. Kyrie, eleyson.

OCTAVA ESTACIÓN.-   
JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
“No lloréis por mí, llorad más bien por vosotros y por vuestros hijos” – le dice Jesús a aquellas mujeres. Los sacerdotes y consagrados están llamados a ser colaboradores particulares de Jesús en la redención de sus hermanos mediante su vida de oración y sacrificio; no solo han de ofrecerse por sí mismos y hacer penitencia por sus pecados, sino también han de hacerlo por sus hermanos. Presentamos al Señor a los sacerdotes y consagrados para que renueven cada día su conciencia de ser corredentores con Cristo y que descubran el valor sacrificial de sus vidas entregándose a la oración y  a la penitencia.  V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Reparamos por sacerdotes y consagrados que viven inmersos en la sociedad del consumo y del materialismo, por aquellos que buscan afanosamente la comodidad y la vida placentera, por aquellos que son inconscientes de la responsabilidad que tienen sobre las almas. R/. Kyrie, eleyson.


NOVENA ESTACIÓN.-  
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
En esta última caída de Jesús antes de llegar al Calvario, en la que nuevamente se levanta para cumplir la voluntad del Padre, presentamos al Señor a los sacerdotes y consagrados ancianos. Ellos acumulan años de entrega, de sacrificio y de perseverancia. Pedimos por ellos para que ahora en su ancianidad vean recompensados sus trabajos y como el anciano Simeón aguarden en oración el momento de la manifestación del Señor que vendrá a buscarlos para sentarlos en las bodas eternas. Pedimos también para que se sientan valorados por su Iglesia y sus comunidades, que nunca se sientan solos y abandonados, que nunca le venza la tentación de sentirse inútiles por verse incapacitados para el trabajo apostólico.  V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Reparamos también por aquellos sacerdotes y consagrados que llegados a la ancianidad han perdido la fe y la esperanza, se han enfriado en la caridad, han endurecido sus corazones al amor de Cristo. R/. Kyrie, eleyson.

DECIMA ESTACIÓN.-  
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS.
Al contemplar a Jesús despojado de su túnica recordamos que la misma pureza se ha dejado desnudar para revestirnos a nosotros con el vestido de la gracia. Pedimos al Señor por los sacerdotes y consagrados para que su interior y también por su porte externo –cumpliendo la norma de la Iglesia respeto al traje eclesiástico y el hábito religioso- sean ejemplo de pureza, pudor y modestia, de desprendimiento y pobreza.  V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Reparamos por todos los sacerdotes y consagrados que con su forma de vestir buscan disimular su condición y privan al mundo del signo sensible de su consagración. Reparamos también por los pecados de impureza en los que puedan haber caído por descuido y debilidad. R/. Kyrie, eleyson.




UNDÉCIMA ESTACIÓN.-  
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ.
Al contemplar a Jesús que se dejó clavar por nosotros para mostrarnos su amor, para que conociésemos cuánto nos ama, presentamos a los sacerdotes y consagrados que postrados en sus camas e impedidos ofrecen su enfermedad junto con Cristo como ofrenda agradable por la salvación de los hombres. Pedimos por aquellos que tienen enfermedades terminales para que acepten los sufrimientos con espíritu de fe uniéndose a Cristo crucificado.  V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Ante Jesús clavado en la cruz por cumplir la voluntad del Padre, reparamos por aquellos sacerdotes y consagrados que ante la experiencia de dolor y sufrimiento se han revelado contra Dios, que no han sabido aceptar la cruz, que viven amargados y llenos de rencor. R/. Kyrie, eleyson.

DUODÉCIMA ESTACIÓN.-  
JESÚS MUERE EN LA CRUZ.
“Todo está cumplido” –dijo Jesús antes de expirar. Realizó hasta el fin la voluntad del Padre. Pedimos para que los sacerdotes y consagrados no tenga más motivación en su vida que hacer la voluntad de Dios a semejanza de Cristo Sacerdote y de la Virgen Corredentora. Presentamos al Señor también a todos los sacerdotes y consagrados que en países de misión ponen en peligro su salud y hasta la propia vida por el anuncio de la Evangelio.  V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Al contemplar la humildad del Hijo de Dios que se hizo obediente hasta la muerte, reparamos por los sacerdotes y consagrados que han abandonado su vocación por miedo a la cruz. También reparamos por  aquellos que han apostado de la fe o la han adulterado desfigurando el rostro de Cristo Crucificado. R/. Kyrie, eleyson.

DECIMO TERCERA ESTACIÓN.-  
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ.
Los brazos de María acogen el cuerpo sin vida del Hijo de Dios: un verdadero martirio para la Virgen María que nos engendró a la vida con dolor al pie de la cruz. Pedimos por los sacerdotes y consagrados para que vean en María a su Madre verdadera que los acompaña en sus caminos, que los consuela en sus soledades y abatimientos, que los fortalece en los momentos de dolor, que los mira con compasión y misericordia cuando pecan, que los lleva siempre a su Hijo. Pedimos por los sacerdotes y consagrados que moribundos se encuentran en la agonía para que sientan la paz de Dios que viene a buscarlos.    V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Reparamos los Corazones de Jesús y de María por aquellos sacerdotes y consagrados que –por una falsa concepción de la fe-  no aman y veneran a María como deberían, no propagan su culto, no infunden en los niños y en los jóvenes la piedad y la devoción hacia esta Madre Inmaculada, despreciando incluso sus imágenes y diferentes formas de devoción. Reparamos también por los sacerdotes, especialmente de los hospitales y de las residencias de mayores, que por respetos humanos y por miedo al rechazo no ofrecen el Sacramento de la Unción y el Santo Viático a los enfermos graves esperando a ser avisados. R/. Kyrie, eleyson.

DECIMO CUARTA ESTACIÓN.-
LA SEPULTURA DE JESÚS.
Al contemplar a Jesús puesto en el sepulcro presentamos al Señor a todos los sacerdotes y consagrados que silenciosamente, sin ruido ni artificios, sin propaganda hacen tanto bien a las almas para que el Señor los siga bendiciendo y protegiendo. Presentamos también a todos aquellos que han muerto para que el Señor los juzgue según su infinita misericordia y no se acuerde de los pecados de quienes le sirvieron en esta vida. Pedimos especialmente y que nuestra oración sirva de reparación por aquellos sacerdotes y consagrados que se encuentran en el purgatorio para que por la comunión de los santos puedan gozar pronto de la gloria de los santos.
V/. Unidos a la oración de Jesús, pedimos:
R/. Padre, Padre, hazlos santos en la verdad. Tu palabra es la verdad.
Reparemos el Corazón de Jesús, llagado por aquellos sacerdotes y consagrados que murieron en pecado sin arrepentimiento ni contrición de sus pecados, y estarán por toda la eternidad alejados del Amor de Dios.   
R/. Kyrie, eleyson.

² Para ganar la indulgencia concedida al Viacrucis. Por el Santo Padre, su persona e intenciones.  

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

miércoles, 25 de febrero de 2015

ORACIÓN A LA VIRGEN MARÍA POR LOS QUE VAN A SER ORDENADOS




 
Oh María, a quien Jesús confió sus primeros Sacerdotes en la persona de sus Apóstoles, y que tan justamente has sido llamada Reina del Clero y Madre de los Sacerdotes, a Ti vengo con confianza a recomendarte todos los levitas del Santuario que participarán en un grado cualquiera en las próximas Ordenaciones.
Disponlos a todos para recibir dignamente la gracia de la Ordenación. Llénalos del espíritu sobrenatural de desprendimiento, y del deseo de la gloria de Dios, a medida que suban las gradas del Santuario, hasta el día en que, por su Sacerdocio, sean exclusivamente consagrados a las cosas de Dios, para santificación propia y salvación de las almas. Penétralos de los sentimientos de la Santa Iglesia, su Madre, que al llamarlos a cooperar eficazmente en el seguimiento de su Divina Misión, quiere ver en ellos, desde ahora, sus hijos más queridos, sus más puros Ministros y sus auxiliares más celosos.

Dígnate, oh María, tender una mirada de la más grande ternura sobre los privilegiados del Señor, que van a ser llamados al Presbiterado; prepáralos para recibir con fervor la Unción Sacerdotal, y para asumir loas terribles responsabilidades del Sacerdocio, que sean puros, que sean santos, ellos que tendrán aquí abajo el lugar de su Divino Maestro, y deberán reflejar sus virtudes.

Que marchen siempre los primeros en la vía de la santidad a fin de que, por sus ejemplos, atraigan almas a su seguimiento. Destinados por elección divina, para ofrecer el Augusto Sacrificio del Calvario, suban ellos siempre al Altar, con las disposiciones de Jesús, el Soberano Sacerdote, enciendan por su amor, y sean siempre Sacerdotes según el Corazón de Dios.
Oh María, ama a los Sacerdotes, y comunícanos el amor que les tienes. AMÉN.

domingo, 15 de febrero de 2015

LA DIGNIDAD SACERDOTAL. Beato José Allamano


Temo que no se haga el caso debido y no se dé la debida importancia a las gracias frecuentes que el  Señor nos otorga con las órdenes sagradas. Para un país, para una comunidad es signo de predilección divina.  Cada vez que se ordena uno en un Instituto, es para mí una fiesta, un verdadero gozo del corazón. Es como una confirmación de la estabilidad de nuestro Instituto; es una gracia extraordinaria que el Señor nos concede. Es señal de que el Señor quiere bien al Instituto, quiere sostenerlo y multiplicarlo. Pero, ¿habéis reflexionado sobre esta gracia? Nosotros formamos un solo cuerpo y gozamos de una vida común; por lo mismo, todas las gracias que el Señor derrama sobre un miembro  –gracias materiales y espirituales–, las derrama sobre toda la comunidad. ¡Qué desgracia la de los países de los que no sale un sacerdote y de los Institutos que carecen de candidatos!...
Detengámonos, pues, a considerar la dignidad del sacerdocio, por la senda de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres. El sacerdocio es la máxima dignidad: dignidad regia, angélica, divina.
1.  –  Dignidad regia.  Cabe parangonar al sacerdote con un rey. ¿Qué es el  rey? ¿Qué hace el rey? Gobierna a los vasallos, los rige, procura su bienestar material, ¿Y el sacerdote? Busca el bien de las almas, las defiende, las manda, no las abandona hasta la muerte. Es un rey que reina y domina sobre las almas, y, por lo tanto,  superior en dignidad a los reyes de la tierra que gobiernan los cuerpos de los súbditos, pero no pueden imponerse a los corazones. Por eso dice san Ambrosio que los sacerdotes son tanto más superiores a los reyes de la tierra cuanto el oro es superior al plomo. El sacerdote ha sido siempre considerado como un rey e incluso como superior al rey. En toda la  antigüedad hubo tal estima del sacerdocio, que los emperadores paganos trataron siempre de asumir en sus  manos el poder civil y la potestad religiosa. Y  aun en los tiempos posteriores, ¿es casualidad que los emperadores de Rusia y de Inglaterra usurparan la autoridad sacerdotal? Y esto porque se daban cuenta de la elevación y sublimidad de semejante autoridad. Consecuencia: tener un sentimiento adecuado a  nuestra dignidad sin ensoberbecerse, pues no es cosa nuestra.
2. –  Dignidad angélica. Está escrito en Malaquías: Los labios del sacerdote deben custodiar la ciencia  y en su boca buscarán la ley, porque él es el ángel  del Señor de los ejércitos (Ml 2, 7). Su dignidad es, por tanto, angélica. Como de hecho los ángeles están destinados a ejecutar la voluntad de Dios junto a los hombres, así también los sacerdotes son mediadores entre los hombres y Dios. San Pablo dice: Nosotros somos... embajadores de Cristo (2 Co 5, 20). El sacerdote es también más que un ángel, porque le han sido encomendados más altos ministerios en el cielo y en la tierra. Tales son los poderes de consagrar y de absolver. ¿Hay ángel que pueda celebrar la misa? El ángel, además, no puede absolver ni siquiera un pecado venial. Decía san Francisco de Asís que, si se encontrara en el camino con un ángel y un sacerdote, primero reverenciaría al sacerdote y luego al ángel. En el  Apocalipsis está escrito que, habiéndose encontrado san Juan con un  ángel, quiso arrodillarse para adorarlo, pero el ángel no se lo permitió y le dijo: Cuídate de hacerlo; soy consiervo tuyo (Ap 19, 10).
3.  –  Dignidad divina.  San Clemente dice claramente que el sacerdote viene inmediatamente después  de Dios y es como un Dios en la tierra: Después de Dios, el Dios terrenal. San Dionisio Areopagita afirma  que la dignidad sacerdotal es más divina que angélica. Es dignidad divina, porque participa del poder de Dios.Las turbas se preguntaban ya en aquel entonces:  ¿Quién sino solo Dios puede perdonar los pecados?  (Mc 2, 7). Cuando Nuestro Señor preguntó a los Apóstoles: «¿Quién dice la gente que es el hijo del  hombre?» (Mt 16, 13), ellos le respondieron que algunos lo consideraban como Elías, otros le tomaban por  Juan Bautista,  etc. Entonces replicó el Señor: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Mirad: les separó del  resto de los hombres. Así lo hace notar san Jerónimo, y dice: «Jesús separa a los Apóstoles de los demás;  éstos eran simples fieles, en cambio los Apóstoles eran sus ministros, sus representantes. Cuando el sacerdote absuelve, dice: «Yo te absuelvo...». Cuando consagra, dice: «Esto es mi cuerpo...». El sacerdote ya no es él. Nuestro Señor se ha incorporado en él. Vosotros veis al sacerdote y debéis decir: «Es nuestro Señor  bajo la forma de tal o cual sacerdote». El sacerdote tiene, pues, una autoridad regia, angélica, divina. Los escritos de los Santos Padres están rebosantes de textos relativos a la dignidad del sacerdote. Cuando veáis pasar junto a vosotros a un sacerdote, pensad estas cosas. A los ojos de la fe son otro Cristo, merecedores, por lo mismo, de sumo respeto y veneración.Por desgracia el mundo no aprecia la dignidad sacerdotal, y hasta en algunas comunidades no se la estima suficientemente. Es preciso, al menos, que nosotros la conozcamos a fondo, de otro modo no podremos estimarla convenientemente. Quien no estima en los demás la propia dignidad, no sabrá tampoco estimarla en sí mismo. Dice san Ambrosio que es sumamente conveniente que la dignidad del  sacerdote la reconozcamos primero nosotros para poder conservarla en nosotros.
Entre los sacerdotes no todos son santos, los hay por desgracia que son tibios. Si desdichadamente un sacerdote perdiera la cabeza, la celebración de la misa vale lo mismo, así como la absolución. Respetemos, pues, el carácter sacerdotal, aunque no vaya acompañado de todo el cortejo de virtudes que debiera acompañarle. Sepamos distinguir las miserias humanas de lo que es el carácter y de la dignidad sacerdotales. Nadie puede eliminar el carácter sacerdotal. Este carácter será su gloria en el paraíso o su mayor condena en el infierno. El emperador Constantino decía: «Si veis pecar a un sacerdote, en vez de correr a divulgar su falta, cubridla con mi manto real». Y nosotros la cubriremos con el manto de la caridad y rezaremos. Otra consecuencia a inferir de cuanto venimos diciendo es la de prepararos con todo el ánimo para ser un día menos indignos de tan sublime dignidad. San Francisco de Asís permaneció diácono durante toda su vida. Sus frailes querían que recibiese el presbiterado; pero se le presentó un ángel con un vaso de agua transparente, nítida, y le dijo: «Si eres tan límpido como esta agua, ¡adelante!» San Francisco se aterró y se quedó en el diaconado. A la dignidad sacerdotal debe, en efecto, corresponder la santidad proporcionada.
En el Antiguo Testamento el sacerdote llevaba escrito en la frente:  Santo para el Señor, para que se acordase de ser santo (Ex 28, 36-37). En los primeros siglos, la iglesia no admitía al sacerdocio a los que, después del bautismo, hubieran cometido públicamente una falta grave, y deponía para siempre a quienes hubiesen incurrido en culpa grave después de la ordenación. El Concilio de Nicea decía:  Los que no son santos, no deben tratar cosas santas. El que no es santo, no debe tratar las cosas santas. Si más tarde admitió también a los pecadores, no lo hizo sin someterlos primero a una larga y dura penitencia.La santidad sacerdotal es como una ciencia y un arte, que normalmente no se logran sino mediante un largo noviciado, mediante un esmerado aprendizaje. Es cierto que el carácter lo imprime la ordenación, pero, si uno trata de prepararse a tiempo, ya desde que es seminarista, el día de la ordenación resultará colmado y recibirá las bendiciones de David, no las de Saúl. Desde luego, siempre habrá que decir: «No soy digno»,

pero es el Señor quien se ha complacido en elevarnos a tan alta dignidad. Él es quien  levanta de la tierra al miserable y del polvo iza al pobre (Ps 112, 7). Trochon, que es  un buen autor, dice, hablando de los requisitos del sacerdote, que el sacerdote y el candidato a sacerdote debe evitar las culpas, incluso las más leves, que en él serían graves; evitar también la apariencia del mal para ser verdaderamente luz y sal de la tierra; estar dispuesto a hacer toda especie de bien, sea todo el bien que Dios pide de él; afanarse por ser virtuoso en grado heroico, sin temor de caer en exceso.

domingo, 8 de febrero de 2015

VALOR DEL BUEN EJEMPLO DEL CLERO. Beato Pío IX


Pero, para apartar al pueblo de las asechanzas de los impíos, para mantenerlo en la profesión de la Religión católica, e inducirlo a practicar las verdaderas virtudes, es de gran valor, como sabéis, el ejemplo y la vida de aquellos que se han consagrado al sagrado ministerio. Mas, ¡oh dolor! se ven en Italia algunos eclesiásticos, pocos es verdad, que pasándose al campo de los enemigos de la Iglesia, les han servido de poderosa ayuda para engañar a los fieles. Pero para vosotros, Venerables Hermanos, la caída de éstos ha sido un estímulo para que, con renovado empeño, día a día, veléis por la disciplina del Clero. Y ahora, deseando prevenir el futuro, según es Nuestro deber, no podemos dejar de recomendaros nuevamente, lo que en Nuestra primera Carta Encíclica[25] a los Obispos de todo el orbe os inculcamos, a saber: que no impongáis jamás precipitadamente las manos a nadie[26], antes bien uséis de toda diligencia en la selección de la milicia eclesiástica. Es necesario practicar una larga y minuciosa investigación y prueba sobre todo en aquellos que deseen recibir las sagradas órdenes; si son de tal modo recomendables por su ciencia, por la gravedad de sus costumbres y por su celo del culto divino, que se pueda abrigar la esperanza cierta de que podrán ser como lámparas ardientes en la casa del Señor, por su buena conducta y por sus obras y han de reportar a vuestra grey edificación y utilidad espiritual.

martes, 3 de febrero de 2015

LOS SACERDOTES Y LAS REVELACIONES DE LA BEATA ISABEL CANORI


"De repente, dice, le fue mostrado el mundo. Lo veía todo en revolución, sin orden ni justicia. Los siete vicios capitales (soberbia, lujuria, ira, envidia, pereza, guía y avaricia) eran llevados en triunfo, y por todas partes se veía reinar la injusticia

El fraude, el libertinaje y toda clase de iniquidades. Vio también Sacerdotes despreciando la Santa Ley de Dios y cómo se cubría el Cielo de nubes negras; se levantaba un tremendo huracán y en el mayor desconcierto se mataban los hombres unos a otros.

En castigo de los soberbios que con impía presunción intentaban demoler la Iglesia desde los cimientos, permitía Dios a los poderes de las tinieblas abandonar los abismos del infierno...ʼʼ
 

Isabel Canori-Mora nació en Roma, en 1774, de familia de noble linaje. A los veintidós años contrajo matrimonio con el doctor Mora, del que tuvo numerosos hijos. Después de la maduración de su santidad heroica en el crisol purificador del sufrimiento, recibió de Nuestro Señor gracias innumerables, como el don de la transverberación del corazón, ilustraciones grandiosas sobre el porvenir de la Iglesia y los terribles combates que tendrá que sostener contra el poder de las tinieblas en los últimos tiempos. 

Bajo la representación de CINCO ÁRBOLES FATÍDICOS que infectan la TIERRA, se le dio a entender los CINCO GRANDES ERRORES de los tiempos modernos y los terribles castigos que se ciernen sobre la HUMANIDAD. (Estos errores parecen ser, según algunos comentaristas, el PANTEÍSMO,  RACIONALISMO, INDIFERENTISMO, MODERNISMO Y COMUNISMO.) “Estos cinco árboles representan -le dice el Señor- las cinco herejías modernas que infestan al mundo en nuestros tiempos en oposición enteramente al Santo Evangelio y que buscan su destrucción. Estos árboles, con sus venenosas raíces, dan vigor a todas aquellas plantas que se desarrollan en la floresta. Estas plantas perniciosas representan la esterilidad digna de llanto de innumerables pobres almas que por la depravación de sus conciencias pueden decirse sin FE y sin RELIGIÓN… Trastornadas y entregadas a las falsas máximas de la filosofía moderna, conculcan la Ley santa de Dios y sus divinos preceptos. Estas plantas son consideradas por el DIVINO DUEÑO no sólo como estériles sino como nocivas y perversas, dignas de se arrojadas al fuego eterno.”

Otra vez vio cuatro árboles de BENDICIÓN, debajo de los cuales se cobijaban los hombres que se mantenían fieles a la ley de Jesucristo y de entre los sacerdotes seculares a los que habían seguido siendo fieles, separándoles de los otros que iban en pos de las máximas de la filosofía moderna , despreciando la santa LEY DE DIOS. A los que se mantenían en el espíritu y amor de Jesucristo los veía bajo el símbolo de blancas ovejitas conducidas por San Pedro a la sombra del misterioso ramaje. De repente se cubría el cielo de un tétrico tenebroso azul que causaba espanto el sólo contemplarlo. Se desencadenaba entonces sobre la tierra un furioso vendaval que, con su agudo y terrorífico silbido, se dejaba sentir en el aire, como tremendo rugido de feroz león, cuyo eco hacía retumbar el universo. Vio entonces también una inmensa legión de demonios que, como ministros de la justicia divina, corrían de una parte a otra, reduciendo a ruinas palacios y villas, destruyendo aldeas, ciudades y provincias enteras y haciendo cruel escarmiento en una multitud de hombres que eran sometidos a una muerte cruel. 

El 15 de octubre de 1818 tuvo otra terrible visión: “De repente me fue mostrado el mundo.” “Lo veía todo en revolución, sin orden ni justicia. Los SIETE PECADOS CAPITALES eran llevados en triunfo, y por todas partes se veía reinar la injusticia, el fraude, el libertinaje de toda suerte de iniquidades. El pueblo estaba mal formado, sin fe y sin caridad. Todos estaban sumergidos en la crápula (vicios) y en las perversas máximas de la filosofía moderna. Observaba que tenían más fisonomía de bestias que de hombres, de tal modo los tenía el vicio desfigurados.”

Y en otra visión vio “a los miserables que cada día con mayor orgullo y desfachatez de palabra y de obra, con incredulidad y apostasía, van pisoteando la santa RELIGIÓN y la DIVINA LEY. Se sirven de las palabras de la SAGRADA ESCRITURA y del EVANGELIO, corrompiendo su verdadero sentido, para respaldar así sus perversas intenciones y sus torcidos principios”. (Parece que la vidente no puede puntualizar con mayor claridad y precisión el desorden y la desorientación en que nos debatimos en la actualidad.)

El Señor quiso consolar a su sierva con la seguridad del triunfo de la Iglesia, diciéndole en 1821: “Voy a renovar a mi pueblo y a mi Iglesia, voy a enviar celosos sacerdotes que derramaran mi espíritu para renovar la faz de la tierra. Voy a reformar las Ordenes por medio de hombres santos y sabios. Voy a dar a mi Iglesia un nuevo Pastor que, lleno de mi espíritu y animado de mi celo, ha de guiar mi grey".

Y, por último, le certificó que tal obra no tardaría DOSCIENTOS AÑOS en llevarse a feliz término, como ella pensaba, sino que el Señor abreviará ese tiempo en gracia a la oración y penitencia de los hombres: “El tiempo está en mis manos… Ora y mortifícate…, que el tiempo no está tan lejos como tú crees.” Murió la sierva de Dios llena de merecimientos y suspirando por el TRIUNFO DE LA IGLESIA el día 5 de febrero de 1825. Es, por lo tanto, natural que la VERDADERA PAZ NO VENDRÁ SOBRE EL MUNDO hasta que no se hayan desarraigado los CINCO ÁRBOLES FATÍDICOS que infestan el bosque y que, como hemos indicado anteriormente, son, según la opinión del Cardenal SALOTTI, el NACIONALISMO, LIBERALISMO, MASONERIA, MODERNISMO Y COMUNISMO.

A continuación declara la Venerable Isabel Canori que no podía revelar los detalles de esta REFORMA GENERAL, que El le dio a conocer, por habérselo PROHIBIDO EL SEÑOR: “Lo único que sí puedo decir, es que no se realizará esta gran obra sin un profundo trastorno de todo el mundo, de todas las poblaciones, incluso de todo el clero secular y regular, de todas las corporaciones religiosas de uno y otro sexo; debiendo todos ser reformadas según el espíritu del Señor y los dictados de las primitivas reglas de sus santos fundadores”.

DIOS se servirá de la OSCURIDAD para castigar a los IMPIOS. A una señal de su Mano Poderosa, El castigará a todos los BLASFEMOS. Permitirá que estos HIPOCRITAS sean castigados por la crueldad de los mismos demonios: “En seguida una claridad deslumbradora se extenderá sobre la tierra, como señal de la reconciliación de Dios y los hombres. La iglesia será totalmente renovada y los hogares cristianos parecerán conventos; tan grande será la renovación de los hombres." ¡Luego esa transformación de la Iglesia y renovación de la sociedad tendrá lugar después de 1921 y antes del 2021!
(Todas estas manifestaciones y otras muchas referentes a estos temas las encontrará el lector en la “Vida de la Venerable”, por Monseñor Antonio Pagani, o en la de Fray Pedro de Santa Teresa, Provincial de los Trinitarios (1919), sacados de los procesos de Beatificación. Cf. López Galúa, páginas 45-53: “Futura grandeza de España”. “Los Estigmatizados”, Johannes María Hocht, Madrid, 1954, páginas 193-99.)

viernes, 30 de enero de 2015

Textos de San Juan Bosco, sobre el sacerdocio


Textos de Don Bosco, sobre el sacerdocio
(Palabras de Mamá Margarita cuando Juan Bosco entra en el seminario y se le impone la sotana) “Ya has vestido la sotana de sacerdote. Sin embargo, acuérdate de que el hábito no hace al monje. Si alguna vez llegas a dudar de tu vocación, ¡por amor de Dios!, no la deshonres; quítatela, pues prefiero tener un hijo campesino antes que un sacerdote negligente”.
(Palabras oídas a los quince años del labios del clérigo Cafasso): “Quien abraza el estado eclesiástico se entrega al Señor, y nada de cuanto tuvo en el mundo debe preocuparle, sino aquello que puede servir para gloria de Dios y provecho de las almas”.
“El sacerdocio es «el estado más hermoso y más noble que pueda existir en la tierra… La vocación al estado eclesiástico es un don de Dios, el don más grande que Dios puede hacer… Reconozco el favor incalculable de ser llamado por el Señor a su divino servicio…¡Qué contento estoy de ser sacerdote”.
“Las virtudes que más insistentemente deben tener los sacerdotes son la fe y la caridad, el celo apostólico y la laboriosidad, la oración acompañada de la práctica de los sacramentos y la vida interior, la castidad y la pobreza, la humildad y la templanza, el estudio y la mortificación, la pureza de intención y la devoción a María”.
«Ser sacerdote quiere decir tener continuamente la obligación de mirar por los intereses de Dios y por la salvación de las almas. Sacerdote quiere decir ministro de Dios y no negociante. El sacerdote debe trabajar por la salvación de muchas almas y no en pensar que marchen bien sus asuntos temporales”.
“Hacerse sacerdote quiere decir renunciar a los placeres terrenos, a las riquezas, a los honores del mundo, a los cargos brillantes; estar pronto para soportar desprecios por parte de los malos y dispuesto a hacerlo todo, a soportarlo todo para promover la gloria de Dios, ganarse alma y, en primer lugar, salvar la propia”.
“El sacerdote ni se salva ni se condena solo. El sacerdote no va solo al cielo ni va solo al infierno. Si obra bien, irá al cielo con las almas que salve con su buen ejemplo. Si obra mal, y da escándalo, irá a la perdición con las almas condenadas por su escándalo”.
“Mira, amigo mío, un sacerdote fiel a su vocación es un ángel; y quien no es así, ¿qué resulta? Se convierte en objeto de compasión y de desprecio para el mundo”.
“Lo que quiero, y en lo que insisto e insistiré mientras tenga aliento y voz, es que el que se hace clérigo sea un clérigo santo y el que se hace sacerdote sea un sacerdote santo. Que el que quiere tener parte en la herencia del Señor abrazando el estado eclesiástico, no se enrede en asuntos mundanos, sino que atienda solamente a la salvación de las almas. Esto pido: que todos, especialmente el eclesiástico, sean luz que ilumine a todos los que los rodean y no tinieblas que engañen a quien las sigue”.
“El que se hace sacerdote solamente debe buscar almas para Dios… Cada palabra del sacerdote debe ser sal de vida eterna, en todo lugar y con cualquier persona. Quien se acerca a un sacerdote debe sacar siempre de su trato alguna verdad que sea de provecho para su alma”..