
Ahora, tus restos descansan en Compostela, desde donde sigues siendo un faro de luz para un mundo que camina sin sentido, para millones de personas que peregrinan sin meta, sin horizonte.
Enséñame, apóstol Santiago a responder con prontitud la llamada del Señor que se renueva cada día, enséñame a responder con generosidad incluso cuando me pide que deje la "barca" de las seguridades y comodidades humanas. Renueva en mí, sacerdote de Jesucristo, el entusiasmo para seguirlo por los caminos que él me señala más allá de mi presunción ilusoria, a avanzar presuroso por el camino de la santidad. Que haya en mí la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vid como lo han hecho tantos sacerdotes mártires durante veinte siglos. Que como tú, Apóstol Santiago, sea capaz de beber el cáliz del Señor para poder sentarme con él en el reino de los cielos.
Enséñame, Apóstol Santiago, caminar sin detenerme, entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, seguro de que si hay dificultades voy por el buen camino. Enséñame, Apóstol Santiago, a ser sacerdote según el Corazón de Jesucristo. Amén.