
La idea de Cristo llena el mundo, el mundo gentil, el mundo judaico, el mundo moderno. Aun hoy es el nombre de Cristo la bandera por la que unos se sacrifican y que otros atacan. Hay corazones que no se acuerdan de Cristo. Distraídos, disipados, no están en sí. No tal el Sacerdote. Hombre de Cristo, Cristo lo es todo para él. En lo cual obra justamente. Cristo lo sacó de la nada (los Apóstoles), lo ennobleció, lo educó, le confió sus intereses. Dado a Cristo por la índole de su ministerio lo está además por su consagración sacerdotal.