lunes, 26 de abril de 2010

Angelus (25-IV-10): Exhortación en particular a los ministros ordenados


Qureridos hermanos y hermanas,
En este cuarto Domingo de Pascua, llamado “del Buen Pastor”, se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones, que este año tiene como tema “El testimonio suscita vocaciones”, tema “estrechamente unido a la vida y a la misión de los sacerdotes y de los consagrados” (Mensaje para la XLVII J. M. De oración por las vocaciones, 13 de noviembre de 2009). La primera forma de testimonio que suscita vocaciones es la oración (cf ibid.), como nos muestra el ejemplo de santa Mónica que, suplicando a Dios con humildad e insistencia, obtiene la gracia de ver volverse cristiano a su hijo Agustín, el cual escribe: “Sin duda creo y afirmo que por sus oraciones Dios me ha concedido la intención de no anteponer, no querer, no pensar, no amar otra cosa que la realización de la verdad (De Ordine II, 20, 52, CCL 29, 136). Invito, por tanto, a los padres a rezar, para que el corazón de sus hijos se abra a la escucha del Buen Pastor, y “hasta el más pequeño germen de vocación... se convierta en árbol frondoso, colmado de frutos para bien de la Iglesia y de toda la humanidad” (Mensaje cit.). ¿Cómo podemos escuchar la voz del Señor y reconocerlo? En la predicación de los Apóstoles y de sus sucesores: en ella resuena la voz de Cristo, que llama a la comunión con Dios y a la plenitud de vida, como leemos hoy en el Evangelio de san Juan: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (Jn 10,27-28). Sólo el Buen Pastor custodia con inmensa ternura a su grey y la defiende del mal, y sólo en Él los fieles pueden depositar absoluta confianza.
En esta Jornada de especial oración por las vocaciones, exhorto en particular a los ministros ordenados, para que, estimulados por el Año Sacerdotal, se sientan comprometidos “con un más intenso e incisivo testimonio evangélico en el mundo de hoy” (Carta de convocación). Recuerden que el sacerdote “continúa la obra de la Redención en la tierra”; sepan “acudir con gusto al sagrario”; se entreguen “totalmente a su propia vocación y misión con una ascesis severa”, se hagan disponibles a la escucha y al perdón; formen cristianamente al pueblo confiado a a ellos; cultiven con cuidado la “fraternidad sacerdotal” (cf ibid). Tomen ejemplo de sabios y diligentes Pastores, como hizo san Gregorio de Nazianzo, quien escribía de esta manera al amigo fraterno y Obispo san Basilio: “Enseña tu amor por las ovejas, tu solicitud y tu capacidad de comprensión, tu vigilancia... la severidad en la dulzura, la serenidad y la mansedumbre en la actividad... las luchas en defensa de la grey, las victorias... conseguidas en Cristo” (Oratio IX, 5, PG 35, 825ab).
Agradezco a todos los presentes y a todos los que con la oración y el afecto sostienen mi ministerio de Sucesor de Pedro, y sobre cada uno invoco la celeste protección de la Virgen María, a la que nos dirigimos ahora en oración.

Audiencia general (14-4-10): Ministerio Ordenado


Queridos amigos:

En este periodo pascual, que nos conduce a Pentecostés y que nos encamina también a las celebraciones de clausura de este Año Sacerdotal, programadas para el 9, 10 y 11 de junio próximo, quiero dedicar aún algunas reflexiones al tema del Ministerio ordenado, comentando la realidad fecunda de la configuración del sacerdote a Cristo Cabeza, en el ejercicio de los tria munera que recibe, es decir, de los tres oficios de enseñar, santificar y gobernar.

Para comprender lo que significa que el sacerdote actúa in persona Christi Capitis —en la persona de Cristo Cabeza—, y para entender también las consecuencias que derivan de la tarea de representar al Señor, especialmente en el ejercicio de estos tres oficios, es necesario aclarar ante todo lo que se entiende por «representar». El sacerdote representa a Cristo. ¿Qué quiere decir «representar» a alguien? En el lenguaje común generalmente quiere decir recibir una delegación de una persona para estar presente en su lugar, para hablar y actuar en su lugar, porque aquel que es representado está ausente de la acción concreta. Nos preguntamos: ¿El sacerdote representa al Señor de la misma forma? La respuesta es no, porque en la Iglesia Cristo no está nunca ausente; la Iglesia es su cuerpo vivo y la Cabeza de la Iglesia es él, presente y operante en ella. Cristo no está nunca ausente; al contrario, está presente de una forma totalmente libre de los límites del espacio y del tiempo, gracias al acontecimiento de la Resurrección, que contemplamos de modo especial en este tiempo de Pascua.

Por lo tanto, el sacerdote que actúa in persona Christi Capitis y en representación del Señor, no actúa nunca en nombre de un ausente, sino en la Persona misma de Cristo resucitado, que se hace presente con su acción realmente eficaz. Actúa realmente y realiza lo que el sacerdote no podría hacer: la consagración del vino y del pan para que sean realmente presencia del Señor, y la absolución de los pecados. El Señor hace presente su propia acción en la persona que realiza estos gestos. Estos tres oficios del sacerdote —que la Tradición ha identificado en las diversas palabras de misión del Señor: enseñar, santificar y gobernar— en su distinción y en su profunda unidad son una especificación de esta representación eficaz. Esas son en realidad las tres acciones de Cristo resucitado, el mismo que hoy en la Iglesia y en el mundo enseña y así crea fe, reúne a su pueblo, crea presencia de la verdad y construye realmente la comunión de la Iglesia universal; y santifica y guía.

El primer oficio del que quisiera hablar hoy es el munus docendi, es decir, el de enseñar. Hoy, en plena emergencia educativa, el munus docendi de la Iglesia, ejercido concretamente a través del ministerio de cada sacerdote, resulta particularmente importante. Vivimos en una gran confusión sobre las opciones fundamentales de nuestra vida y los interrogantes sobre qué es el mundo, de dónde viene, a dónde vamos, qué tenemos que hacer para realizar el bien, cómo debemos vivir, cuáles son los valores realmente pertinentes. Con respecto a todo esto existen muchas filosofías opuestas, que nacen y desaparecen, creando confusión sobre las decisiones fundamentales, sobre cómo vivir, porque normalmente ya no sabemos de qué y para qué hemos sido hechos y a dónde vamos. En esta situación se realiza la palabra del Señor, que tuvo compasión de la multitud porque eran como ovejas sin pastor (cf. Mc 6, 34). El Señor hizo esta constatación cuando vio los miles de personas que le seguían en el desierto porque, entre las diversas corrientes de aquel tiempo, ya no sabían cuál era el verdadero sentido de la Escritura, qué decía Dios. El Señor, movido por la compasión, interpretó la Palabra de Dios —él mismo es la Palabra de Dios—, y así dio una orientación. Esta es la función in persona Christi del sacerdote: hacer presente, en la confusión y en la desorientación de nuestro tiempo, la luz de la Palabra de Dios, la luz que es Cristo mismo en este mundo nuestro. Por tanto, el sacerdote no enseña ideas propias, una filosofía que él mismo se ha inventado, encontrado, o que le gusta; el sacerdote no habla por sí mismo, no habla para sí mismo, para crearse admiradores o un partido propio; no dice cosas propias, invenciones propias, sino que, en la confusión de todas las filosofías, el sacerdote enseña en nombre de Cristo presente, propone la verdad que es Cristo mismo, su palabra, su modo de vivir y de ir adelante. Para el sacerdote vale lo que Cristo dijo de sí mismo: «Mi doctrina no es mía» (Jn 7, 16); es decir, Cristo no se propone a sí mismo, sino que, como Hijo, es la voz, la Palabra del Padre. También el sacerdote siempre debe hablar y actuar así: «Mi doctrina no es mía, no propago mis ideas o lo que me gusta, sino que soy la boca y el corazón de Cristo, y hago presente esta doctrina única y común, que ha creado a la Iglesia universal y que crea vida eterna».

Este hecho, es decir, que el sacerdote no inventa, no crea ni proclama ideas propias en cuanto que la doctrina que anuncia no es suya, sino de Cristo, no significa, por otra parte, que sea neutro, casi como un portavoz que lee un texto que quizá no hace suyo. También en este caso vale el modelo de Cristo, que dijo: «Yo no vengo de mí mismo y no vivo para mí mismo, sino que vengo del Padre y vivo para el Padre». Por ello, en esta profunda identificación, la doctrina de Cristo es la del Padre y él mismo es uno con el Padre. El sacerdote que anuncia la palabra de Cristo, la fe de la Iglesia y no sus propias ideas, debe decir también: yo no vivo de mí y para mí, sino que vivo con Cristo y de Cristo, y por ello lo que Cristo nos ha dicho se convierte en mi palabra aunque no es mía. La vida del sacerdote debe identificarse con Cristo y, de esta forma, la palabra no propia se convierte, sin embargo, en una palabra profundamente personal. San Agustín, sobre este tema, hablando de los sacerdotes, dijo: «Y nosotros, ¿qué somos? Ministros (de Cristo), sus servidores; porque lo que os distribuimos no es nuestro, sino que lo sacamos de su reserva. Y también nosotros vivimos de ella, porque somos siervos como vosotros» (Discurso 229/e, 4).

La enseñanza que el sacerdote está llamado a ofrecer, las verdades de la fe, deben ser interiorizadas y vividas en un intenso camino espiritual personal, para que así realmente el sacerdote entre en una profunda comunión interior con Cristo mismo. El sacerdote cree, acoge y trata de vivir, ante todo como propio, lo que el Señor ha enseñado y la Iglesia ha transmitido, en el itinerario de identificación con el propio ministerio del que san Juan María Vianney es testigo ejemplar (cf. Carta para la convocatoria del Año sacerdotal). «Unidos en la misma caridad —afirma también san Agustín— todos somos oyentes de aquel que es para nosotros en el cielo el único Maestro» (Enarr. in Ps. 131, 1, 7).

La voz del sacerdote, en consecuencia, a menudo podría parecer una «voz que grita en el desierto» (Mc 1, 3), pero precisamente en esto consiste su fuerza profética: en no ser nunca homologado, ni homologable, a una cultura o mentalidad dominante, sino en mostrar la única novedad capaz de realizar una renovación auténtica y profunda del hombre, es decir, que Cristo es el Viviente, es el Dios cercano, el Dios que actúa en la vida y para la vida del mundo y nos da la verdad, la manera de vivir.

En la preparación esmerada de la predicación festiva, sin excluir la ferial, en el esfuerzo de formación catequética, en las escuelas, en las instituciones académicas y, de manera especial, a través del libro no escrito que es su propia vida, el sacerdote es siempre «docente», enseña. Pero no con la presunción de quien impone verdades propias, sino con la humilde y alegre certeza de quien ha encontrado la Verdad, ha sido aferrado y transformado por ella, y por eso no puede menos de anunciarla. De hecho, el sacerdocio nadie lo puede elegir para sí; no es una forma de alcanzar seguridad en la vida, de conquistar una posición social: nadie puede dárselo, ni buscarlo por sí mismo. El sacerdocio es respuesta a la llamada del Señor, a su voluntad, para ser anunciadores no de una verdad personal, sino de su verdad.

Queridos hermanos sacerdotes, el pueblo cristiano pide escuchar de nuestras enseñanzas la genuina doctrina eclesial, que les permita renovar el encuentro con Cristo que da la alegría, la paz, la salvación. La Sagrada Escritura, los escritos de los Padres y de los Doctores de la Iglesia, el Catecismo de la Iglesia católica constituyen, a este respecto, puntos de referencia imprescindibles en el ejercicio del munus docendi, tan esencial para la conversión, el camino de fe y la salvación de los hombres. «Ordenación sacerdotal significa: ser sumergidos (...) en la Verdad» (Homilía en la Misa Crismal, 9 de abril de 2009), esa Verdad que no es simplemente un concepto o un conjunto de ideas que transmitir y asimilar, sino que es la Persona de Cristo, con la cual, por la cual y en la cual vivir; así, necesariamente, nace también la actualidad y la comprensibilidad del anuncio. Sólo esta conciencia de una Verdad hecha Persona en la encarnación del Hijo justifica el mandato misionero: «Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creación» (Mc 16, 15). Sólo si es la Verdad está destinado a toda criatura, no es una imposición de algo, sino la apertura del corazón a aquello por lo que ha sido creado.

Queridos hermanos y hermanas, el Señor ha confiado a los sacerdotes una gran tarea: ser anunciadores de su Palabra, de la Verdad que salva; ser su voz en el mundo para llevar aquello que contribuye al verdadero bien de las almas y al auténtico camino de fe (cf. 1 Co 6, 12). Que san Juan María Vianney sea ejemplo para todos los sacerdotes. Era hombre de gran sabiduría y fortaleza heroica para resistir a las presiones culturales y sociales de su tiempo a fin de llevar las almas a Dios: sencillez, fidelidad e inmediatez eran las características esenciales de su predicación, transparencia de su fe y de su santidad. Así el pueblo cristiano quedaba edificado y, como sucede con los auténticos maestros de todos los tiempos, reconocía en él la luz de la Verdad. Reconocía en él, en definitiva, lo que siempre se debería reconocer en un sacerdote: la voz del buen Pastor

Canciones Año Sacerdotal: Sacerdote

Canciones Año Sacerdotal: Sacerdote de Jose Manuel Montesinos

viernes, 23 de abril de 2010

Beato Marcelo Spínola: La persona de Jesús (XIX)


- 1 - Su exterior; es el más bello de los hijos de los hombres; sus pensamientos, son todos grandes, nobles, elevados. Sus efectos son puros, santos. Sus virtudes, las posee todas en grado sumo, exentas de exageraciones; sus designios son sublimes, nadie los concibió semejantes; sus obras son grandiosas «pertransiit bene­faciendo... sanando omnes.»

- 2 – La conducta de Cristo con sus Sacerdotes. No es un caudillo que huya de sus compañeros de armas; anda entre ellos. No es duro y áspero, al contrario, su trato no puede ser más afectuoso y dulce. No es egoísta; la caridad es su carácter distintivo. Toma para sí lo más arduo y difícil y deja para los otros lo más llano y hacedero. No es variable; siempre el mismo. No hay para Él acepción de personas: accesible a todos. No es reservado, descubre sus secretos. Hermoso es servir bajo tal caudillo.
BIOGRAFÍA DEL BEATO MARCELO SPÍNOLA
Nuestro agradecimiento al Rvdo. D. Ignacio Gillén

P. Marco Antonio Foschiati OP: Jesús, buen Pastor


HOMILIA PARA EL DOMINGO IV DE PASCUA
DOMINGO DEL BUEN PASTOR
Lecturas:
Hechos de los Apóstoles 4, 8-12
Salmo 117
1 Carta del Apóstol San Juan 3, 1-2
Evangelio según San Juan 10, 11-18
“Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu Pastor soy…
sino tu pasto también.”

Ninguna imagen de la vida humana ha llegado a identificarse tanto con Jesús como la imagen del pastor. Toda la obra de la redención y la vivificación del hombre se encuentra sintetizada en la imagen del pastor. En el corazón del Evangelio de Lucas, el evangelista de la misericordia, se nos presenta la parábola de la oveja perdida y del pastor que amorosamente sale en su búsqueda: toda la vida de Jesús está retratada aquí. Ha salido del Padre por amor, ha bajado al mundo, se ha abajado como esclavo por amor, se ha herido por las espinas de los zarzales de mis pecados, y todo por mi búsqueda…todo por su amor loco, como diría Santa Catalina de Siena.

No ha temido este Pastor Bello los abismos de la muerte y muerte de Cruz; su amor fue luz en las quebradas oscuras de nuestras muertes e infiernos hasta donde descendió para encontrarme y para que yo pueda descansar en su pecho y ser llevado, sin temores, en esos hombros benditos que me cargan en el peso de su Cruz:

“La parábola de la oveja perdida, que el pastor busca en el desierto, fue para los Padres de la Iglesia una imagen del misterio de Cristo y de la Iglesia. La humanidad –todos nosotros- es la oveja descarriada en el desierto que ya no puede encontrar la senda. El Hijo de Dios no consiente que ocurra esto, no puede abandonar la humanidad en una situación tan miserable. Se alza en pie, abandona la gloria del cielo, para ir en busca de la oveja e ir tras ella, incluso hasta la cruz. La pone sobre sus hombros, carga con nuestra humanidad, nos lleva a nosotros mismos, pues Él es el Buen Pastor, que ofrece su vida por las ovejas.” (Benedicto XVI)

La Pascua es este encuentro de la ovejita perdida; de Adán que gime y pena en lo hondo de los infiernos y del Pastor Resucitado, el Pastor Herido de cuyo Corazón Sagrado brota la fuente de la Misericordia y del Perdón. (cf. Zac 12,10)

Encuentro y abrazo del Amor Misericordioso. Contemplemos los iconos de la Resurrección de la Iglesia Oriental: ¿no es la Imagen del Pastor Bello, la Luz resplandeciente del Verbo de Vida, que baja a llamar “con sus silbos amorosos” del profundo sueño de la muerte a la humanidad? El se abaja por amor para levantarnos, para resucitarnos. Nosotros ovejitas perdidas sólo podemos vivir gracias a este abajamiento suyo, a esta donación suya, a este amor suyo que se entrega, que se agota, que muere para dar Vida y Vida en abundancia. (cf Jn 10, 10)

¿Qué puede hacer una oveja perdida, enredada en los zarzales, herida en la caída, tirada en el camino? Tan sólo dejarse morir, tan sólo abandonarse en su caída. Una oveja no tiene sentido de orientación, si se separa del rebaño y de su pastor no encuentra por sí misma la salida del atolladero. ¡Cuánto nos ha amado el Padre que al vernos caídos en el triste camino de Jerusalén a Jericó (cf Lc 10, 29-37), despojados y heridos, desorientados, camino a la muerte, nos ha entregado al Pastor Hermoso que nos salva, nos lleva en su seno como corderillos (cf Is 40, 10-11) , nos venda y cura, nos sosiega, nos conduce a los pastos de la vida! (cf Sal 23)

El domingo del Buen Pastor debe ser una eucaristía en la Eucaristía, una profunda acción de gracias, por el don de la Redención; por el Don de la Vida nueva y resucitada del Pastor:

“Si no hubiéramos sido así redimidos, ¿de qué nos valdría haber nacido? ¡Qué admirable es tu bondad con nosotros, que inestimable la predilección de tu amor!” (Canto del Exsultet de la Vigilia pascual)

El Hijo entregado, el Redentor que hace felíz la culpa de Adán es el pastor herido para salvar a sus ovejitas; el Pastor “que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre” (Jn 10, 4) o sea las ama personalmente: con amor de amigo, las ama porque las ha recibido de su Padre como un don de amor. Entramos en el vínculo de amor entre el Padre y el Hijo: “Como el Padre me conoce a mí, yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas” (Jn 10, 15) “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor” (Jn 10, 9)
Tenemos una profunda similitud entre la expresión de Jesús: “El pastor hermoso (kalós) se deshace o se desprende (thithénai) de su vida (psyché) por (hyper) sus ovejas” (Jn 10,11) con la revelación de su amor salvador en los discursos de despedida: “Nadie tiene mayor amor que el que da (thithénai) su vida (psyché) por (hyper) sus amigos.” (Jn 15, 13) Debo llenarme de esa santa alegría de ser conocido y amado por El. Esa santa alegría tiene que movilizar todo mi interior en la alabanza, en la dicha de ser su propiedad, de ser tan sólo del Pastor: “somos su pueblo y ovejas de su rebaño”. (cf Sal 100)

Debemos llegar a ese conocimiento interno[1] de cuánto valgo a los ojos y al Corazón de ese Pastor…es por mí que el Pastor salió y se agotó en mi búsqueda, es por mí que se subió al árbol de la Cruz para atraerme con su belleza, la belleza del Pastor Crucificado que todo lo atrae a Sí:

“Somos invitados, aún siendo ovejas y corderos pecadores, a reconocer el precio que valemos a los ojos de Jesús. El valor de algo se mide por el precio que se da para conseguirlo; Jesús, Buen Pastor, dio su vida por nosotros, sus ovejas y corderos. No nos dejemos comprar a precio más barato, ni siquiera con lo que ofrece toda la vida.” ( Roberto Mercier p.s.s., El Evangelio según el discípulo a quien Jesús amaba)

Querido hermano, querida hermana déjate encontrar hoy por el Pastor Hermoso; ojalá que puedas gustar internamente esa verdad que enajenaba a los santos, esa verdad que los seducía para seguir al Pastor-Cordero dondequiera que vaya: esa verdad que debes gustar es :
“aunque sólo yo me hubiera perdido, aunque esta ovejita inútil se hubiera extraviado; aunque sólo yo me hubiera separado del dulce cayado del pastor. Aunque sólo yo me hubiera vuelto sordo a sus palabras amorosas, a mi nombre pronunciado por sus labios, a sus cantos que solazan y recrean en los prados verdes y en el saltarín manantial. Aunque sólo yo me hubiera perdido…El, Pastor Bello, alocado por mi amor, por este única oveja se hubiera hecho hombre por mí, hubiera muerto por mi amor. Hubiera dejado ángeles y serafines, todo el paraíso para ser alzado en la cruz, se hubiera coronado con las espinas y cargado con el peso de mi redención. Aunque hubiera sido sólo una oveja, el Pastor no me habría olvidado.” ( Santa Verónica Giuliani)

Hoy oramos por las vocaciones a la vida sacerdotal, a la vida consagrada. Toda vocación debe nacer de la conciencia de este amor único del Pastor Hermoso. La vocación o es enamoramiento o no es nada. ¡Cuándo nos sentimos amados hasta tal extremo no podemos hacer otra cosa que devolver amor! ¡Amor con amor se paga! La vocación al sacerdocio o la vida consagrada no es sino un “flechazo de amor”; ese flechazo de amor se da cuando lo vemos en la Cruz:

Por descubrirte mejor,
Cuando balabas perdida,
Dejé en un árbol la vida,
Donde me subió tu amor;
Si prendas quieres mayor,
Mis obras hoy te la den.

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu Pastor soy,
sino tu pasto también.


La vocación puede nacer cuando contemplamos al Pastor Crucificado, en esa Cruz donde le subió mi amor. De esa manera cuando nos dejamos encontrar por el Pastor, cuando somos curados por el aceite consolador de su Espíritu y el vino de su Sangre preciosa, cuando somos apacentados en los pastos de su Cuerpo vivificante, el Cuerpo del Bone Pastor, Panis vere[2] (Buen Pastor-Pan verdadero), podemos ir y hacer lo mismo; amar desde el Amor de Jesús. (cf Lc 10, 37)
Jesús no quiere solamente grandes escritores, dramaturgos, genios en disputas, o en cuestiones sociales, quiere que corazones enamorados compartan su camino de abajamiento, de enredarse en las espinas del mundo, de salir a los nuevos desiertos, de encontrarse con esas ovejitas que se dejan morir por la desesperanza, por el vacío, por la violencia, por las esclavitudes de este mundo de muerte:

“La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor; no es indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto; el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed, el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores.” (Benedicto XVI)

Si he sido salvado, si no he sido abandonado en la muerte por el Pastor Hermoso: ¿no seré presencia, sacramento, manos, palabras y corazón de Jesús, el Pastor? Acaso no es la “caridad pastoral” un desaparecer más y más en el Amor del Pastor Hermoso, para que sólo El brille; sólo El santifique, sane, consuele, ilumine, busque alocadamente…

Por esto con humildad y confianza pidamos: Danos sacerdotes, consagrados, misioneros, según tu Corazón, Jesús. Cumple tu promesa: “Vendrá un día en que el Señor suscitará pastores según su corazón: y pondré al frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas y asustadas ni faltará ninguna” ( Ez 34, 23-24) Vuelve a nosotros, Pastor Bueno, en tus sacerdotes; formados en la escuela de tu Corazón, sostenidos por tu amor fiel, llenos de las entrañas de tu compasión al ver a tu pueblo disgregado, abatido, desorientado como “ovejas sin Pastor”. Vive en aquellos que has llamado, transfórmalos en ti mismo, hazlos por tu gracia instrumentos de tu divina Misericordia. Dales a ti mismo para que puedan darnos a Ti.

Dejemos que el Cordero de la Redención, hecho Pastor en nuestra búsqueda, dejemos que Aquel que nos ama y se ha hecho “pan eucarístico” para recordarnos siempre su oblación de amor, su entrega por nosotros; dejemos que Jesús que nos conoce por nuestro nombre nos diga al oído:

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu Pastor soy
sino tu pasto también.

Por descubrirte mejor
cuando balabas perdida
dejé en un árbol la vida,
donde me subió tu amor,
si prendas quieres mayor,
mis obras hoy te la den.

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu Pastor soy
sino tu pasto también.

Pasto al fin tuyo hecho
¿cuál dará mayor asombro,
el traerte yo en el hombro
o traerme tú en el pecho?
Prendas son de amor estrecho
que aún los más ciegos las ven.

Oveja perdida, ven
sobre mis hombros; que hoy
no sólo tu Pastor soy
sino tu pasto también. (Luis de Góngora)


Y nosotros respondamos con la antigua secuencia de la misa de los difuntos, el Dies irae, una joya que deberíamos aprender de memoria para rezarla siempre. Digamos en confiada súplica, contentos de que El nos lleve y de que seamos objeto de su Amor: ¡Qué no sea vano tanto amor tuyo en nosotros Señor! ¡Qué tu búsqueda, tus cansancios, tus sudores, tus lágrimas, tus gotas de Sangre me devuelvan definitivamente a Ti! Recemos con la Iglesia, con los Santos, con los que se durmieron en el signo de la fe:

Recordare, Iesu pie,
Quod sum causa tuae viae,
Ne me perdas illa die
Quaerens me sedisti lassus,
Redemisti crucem passus,
Tantus labor non sit cassus

Acuérdate, Jesús compasivo,
Que yo soy la causa de tus caminos,
No me pierdas, ¡no me pierdas! Aquel día.
En mi búsqueda, Pastor Hermoso, cansado en el brocal del pozo te sentaste, me redimiste padeciendo en la Cruz, que no sean inútiles para mí tantos trabajos…¡Qué no seamos indiferentes a tu amor que nos llama, nos busca, redime y alimenta, oh Pastor Hermoso!
P. Marco Antonio Foschiatti OP
Convento San Martín de Porres, Mar del Plata.
[1] Es una de las expresiones más bellas de San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales que significa un conocimiento de lo que “hay dentro de Cristo Jesús” según la expresión de San Pablo en la carta a los Filipenses (2, 5). Es un conocimiento profundamente teologal en donde se unifican la inteligencia y el corazón, y del cual brota la identificación con el Señor, debe pedirse y recibirse como gracia, como oración de simple mirada, según Santa Teresa: “pedir conocimiento interno para más amarle y seguirle” (E.E. 104)
[2] “Bone Pastor, Panis vere, Iesu nostri miserere, Tu nos pasce, nos tuere, tu nos bona fac videre in terra viventium” Broche de oro de la admirable secuencia del Corpus Christi compuesta por santo Tomás de Aquino. “Buen Pastor, pan verdadero, Jesús, ten misericordia de nosotros. Llévanos a los pastos de vida, apaciéntanos, guíanos; haznos ver tus bienes en la tierra de los vivientes.”

jueves, 22 de abril de 2010

Vº ANIVERSARIO DEL COMIENZO DEL PONTIFICADO DEL PAPA BENEDICTO XVI




Laudes Regiæ
Exaudi, Christe Exaudi Christe
Ecclesiæ, sponsæ et corpori, Lumine gentium resplendenti Christo: ædificatio et consolatio Dei!
Christe, Fili Dei vivi, Tu illam adiuva
Iesu, Fili David, Tu illam adiuva
Christe, Fili Dei vivi, Tu illam adiuva
Salvator Mundi, Tu illam adiuva
Christe, Fili Dei vivi, Tu illam adiuva
Exaudi, Christe Exaudi, Christe
Ecclesiæ, ovili et gregiDei agriculturæ et electæ vineæ: fons aquæ et fructus Spiritus!
Sancta Maria, Tu illam adiuva
Sancte Ioseph, Tu illam adiuva
Sancte Ioannes Baptista, Tu illam adiuva
Exaudi, Christe Exaudi, Christe
Benedicto Romano Episcopo Successori Petri Gregis Christi unitatem exprimenti: robur et concordia Spiritus!
Sancte Petre, Tu illum adiuva
Sancte Paule, Tu illum adiuva
Sancte Andrea, Tu illum adiuva
Sancte Ioannes, Tu illum adiuva
Sancte Iacobe, Tu illum adiuva
Sancte Thoma, Tu illum adiuva
Sancte Philippe, Tu illum adiuva
Sancte Iacobe, Tu illum adiuva
Sancte Bartholomæe, Tu illum adiuva
Sancte Matthæe, Tu illum adiuva
Sancte Simon, Tu illum adiuva
Sancte Thaddæe, Tu illum adiuva
Sancte Matthia, Tu illum adiuva
Sancte Luca, Tu illum adiuva
Sancte Marce, Tu illum adiuva
Sancte Barnaba, Tu illum adiuva
Sancta Maria Magdalena, Tu illum adiuva
Exaudi, Christe Exaudi, Christe
Benedicto Romano Pontifici, Petri successori, suum ministerium hodie inauguranti sollicitudo pro universa Ecclesia!
Sancte Line, Tu illum adiuva
Sancte Clete, Tu illum adiuva
Sancte Clemens, Tu illum adiuva
Sancte Evariste, Tu illum adiuva
Sancte Alexander (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Xyste (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Telesphore, Tu illum adiuva
Sancte Hygine, Tu illum adiuva
Sancte Pie (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Anicete, Tu illum adiuva
Sancte Soter, Tu illum adiuva
Sancte Eleutheri, Tu illum adiuva
Sancte Victor (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Zephyrine, Tu illum adiuva
Sancte Calliste (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Urbane (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Pontiane, Tu illum adiuva
Sancte Anthere,Tu illum adiuva
Sancte Fabiane, Tu illum adiuva
Sancte Corneli, Tu illum adiuva
Sancte Luci (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Stephane (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Xyste (Secunde),Tu illum adiuva
Sancte Damase (Prime), Tu illum adiuva
Sancte Leo Magne, Tu illum adiuva
Sancte Gregori Magne, Tu illum adiuva
Sancte Leo (None) Tu illum adiuva
Sancte Stephane, Tu illum adiuva
Sancte Ignati (Antiochene), Tu illum adiuva
Sancte Laurenti, Tu illum adiuva
Sancte Cypriane, Tu illum adiuva
Sancta Agnes, Tu illum adiuva
Sancta Cæcilia, Tu illum adiuva
Sancte Ambrosi, Tu illum adiuva
Sancte Augustine, Tu illum adiuva
Sancte Athanasi, Tu illum adiuva
Sancte Basili, Tu illum adiuva
Sancte Gregori (Nazianzene), Tu illum adiuva
Sancte Ioannes Chrysostome, Tu illum adiuva
Sancte Benedicte, Tu illum adiuva .

lunes, 19 de abril de 2010

EN HONOR A BENEDICTO XVI: 265 sucesor de San Pedro

"Tu es Petrus

et super hanc petram

aedificabo Ecclesiam meam"

Vº ANIVERSARIO DE LA ELECCIÓN DEL SANTO PADRE

FELICIDADES SANTO PADRE!

V AÑOS SIRVIENDO A LA IGLESIA

Card. Hummes: Hacia la conclusión del Año sacerdotal


HACIA LA CONCLUSIÓN DEL AÑO SACERDOTAL
Queridos Presbíteros:
La Iglesia goza de inmensa alegría por el Año Sacerdotal y agradece al Señor el haber inspirado al Santo Padre su proclamación. Todas las informaciones que llegan a Roma sobre las numerosas y múltiples iniciativas, organizadas por las Iglesias locales en el mundo entero para la realización de este año especial, son la prueba de que éste ha sido muy bien acogido y – podemos decir – que ha respondido a un verdadero y profundo deseo de los presbíteros y de todo el pueblo de Dios. Era hora de dar una atención especial, de reconocimiento y de voluntariedad al grande, trabajador e insustituible Presbiterio y a cada uno de los presbíteros de la Iglesia.
Es verdad que algunos presbíteros (pero proporcionalmente muy pocos) han cometido horribles y gravísimos delitos de abusos sexuales contra menores; hechos que debemos rechazar y condenar in modo absoluto e intransigente. Deberán responder ante Dios y ante los tribunales, también ante los civiles. Por supuesto, rezamos para que lleguen a una conversión espiritual y al perdón de Dios. Mientras, la Iglesia está decidida a no esconder y a no minimizar tales crímenes. Pero, sobre todo, estamos de parte de las víctimas y queremos sostenerlas en su recuperación y en sus derechos ofendidos.
Sin embargo, los delitos de algunos no pueden usarse en modo tal que embrutezcan el entero cuerpo eclesial de los presbíteros. Quien obra así comete una clamorosa injusticia. En este Año Sacerdotal la Iglesia busca el modo de comunicarlo a la comunidad humana. Cualquier persona, con sentido común y buena voluntad, lo entiende.
Habiendo hablado necesariamente de todo lo anterior, volvamos a lo nuestro, queridos presbíteros. Una vez más, queremos repetir que reconocemos quienes sois y cuanto hacéis en la Iglesia y en la sociedad. La Iglesia os ama, os admira y os respeta. Sois una gran alegría para nuestro pueblo católico, que os acoge y apoya, sobre todo en estos momentos de sufrimiento.
Dos meses más y llegaremos a la conclusión del Año Sacerdotal. Queridos sacerdotes, el Papa os invita de todo corazón a venir a Roma para dicha conclusión los días 9, 10 y 11 del próximo junio. ¡Que vengáis de todos los países del mundo! De los países más cercanos a Roma se espera miles y miles de vosotros, ¿no es verdad? Entonces, no rechacéis la fuerte y cordial invitación del Santo Padre. Venid y Dios os bendecirá. El Papa quiere confirmar a los presbíteros de la Iglesia. La numerosa presencia de todos en la Plaza de San Pedro llegará a ser una forma propositiva y responsable de los presbíteros a presentarse, prontos y sin temores, para el servicio en favor de la humanidad, que Jesucristo os ha entregado. Vuestra presencia visible en la plaza será una proclamación, ante el mundo actual, del vuestro envío a este mundo, no para condenarlo sino para salvarlo (cfr. Jn. 3, 17 y 12, 47). En tal contexto, el gran numero de presencias tendrá un significado especial.
Entorno a la presencia numerosa de presbíteros en la conclusión del Año Sacerdotal, en Roma, existe todavía un motivo particular, que hoy se coloca en el corazón de la Iglesia. Se trata de ofrecer a nuestro amadísimo Papa Benedicto XVI nuestra solidariedad y nuestro apoyo, nuestra confianza y nuestra comunión incondicionada ante los frecuentes ataques, que se dirigen contra su Persona en el momento actual en el ámbito de las decisiones acerca de los clérigos, que han incurrido en delitos sexuales contra menores. Las acusaciones contra el Papa son evidentemente injustas, y se ha demostrado que nadie ha hecho tanto como Benedicto XVI para condenar y combatir correctamente tales crímenes. Por eso, la presencia masiva de presbíteros en la plaza con el Papa será un fuerte señal de nuestro decidido rechazo a los injustos ataques de los que es víctima. Así pues, venid también para apoyar públicamente al Santo Padre.
La conclusión del Año Sacerdotal no será un final, sino más bien un nuevo inicio. Nosotros – el Pueblo de Dios y los pastores – queremos dar gracias al Señor por este tiempo privilegiado de oración y de reflexión sobre el sacerdocio. Al mismo tiempo, nos proponemos ser siempre más atentos a todo aquello que el Espíritu Santo quiere comunicarnos. Mientras, volveremos al ejercicio de nuestra misión en la Iglesia y en el mundo, con renovada alegría y con el convencimiento de que Dios, Señor de la historia, permanece con nosotros en los momentos de crisis y en los nuevos tiempos.
La Virgen María, Madre y Reina de los sacerdotes, interceda por nosotros y nos inspire en el seguimiento de su Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.

Roma, 12 de abril de 2010

Cardenal Cláudio Hummes
Arzobispo Emérito de São Paulo
Prefecto de la Congregación para el Clero

lunes, 12 de abril de 2010

Novena por el Papa

Nos unimos a la propuesta, iniciada por los Caballeros de Colón, de realizar una novena por nuestro Santo Padre Benedicto XVI, comenzando hoy, domingo 11 de abril, y culminando el próximo lunes 19 de abril, 5º aniversario de su elección a la Sede de Pedro. Invitamos a nuestros lectores a elevar alguna oración especial, durante estos días, por el Papa que la Divina Providencia nos ha dado.
En estos tiempos particularmente difíciles, en que los enemigos de Nuestro Señor Jesucristo atacan con odio a Su Vicario en la tierra, todos los católicos nos unimos no sólo para expresar nuestro amor filial al Santo Padre sino también para elevar a Dios una intensa oración rogando que proteja al Sucesor de Pedro y lo conserve durante mucho tiempo al frente de la Santa Iglesia.
***
V. Oremos por nuestro Santo Padre Benedicto XVI.
R. El Señor lo proteja, preserve su vida, lo bendiga en la tierra y lo defienda de sus enemigos.
Señor, que en tu providencia edificaste la Iglesia sobre el fundamento de Pedro, y lo pusiste al frente de los demás Apóstoles; mira con bondad a nuestro Papa Benedicto XVI, a quien has constituido sucesor de Pedro, y concédele que sea para tu pueblo principio y fundamento visible de la unidad de fe y comunión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

domingo, 11 de abril de 2010

D. Javier Leoz: ¡VIVE, LA PASCUA, SACERDOTALMENTE!


1.Demos razón y signos de la alegría que sostiene nuestro sacerdocio: la Resurrección de Cristo. Que no pase, ni un solo día, sin que en nuestras parroquias resuene por los cuatro costados el aleluya o un canto pascual.

2.Que, contemplando la luz que nos ha brindado la mañana de Pascua, hagamos lo posible por apartarnos de todo aquello que oscurece nuestro sacerdocio, que empaña nuestra vocación, que nos distancia de Dios: releamos con pausa la oración sacerdotal de Cristo: “Padre te ruego por ellos” (Jn17)

3.Que la pasión, la radical entrega y la muerte del Señor, nos anime como sacerdotes a desvivirnos todavía más para que, nuestras comunidades, recuperen el don de la fe o la caridad que debe ser distintivo de nuestro seguimiento a Jesús: potenciemos en nuestras comunidades las cáritas parroquiales

4.Muchas personas que nos rodean están resquebrajadas. No conocen o, tal vez, no han vivido con intensidad la Pascua. Como sacerdotes, “cristos pequeños”, estamos llamados a realizar pequeños milagros. A procurar que la gente sonría y sea feliz. Ante tanto drama, los sacerdotes, tendríamos que tener un poco más de humor.

5.Alguien, con cierta razón, afirmó que “el sacerdote lleva una gran orquesta en su corazón.” Y es verdad. Tenemos lo que más queremos (a Jesús) y por lo tanto tenemos que llevar una vida armonizada y, a la vez, propagar esa música con sabor a cielo que nos hizo dejar a un lado tantas cosas: LA MELODIA DE LA RESURRECCION DE CRISTO

6.Miremos a nuestras manos sacerdotales ¿Presentan señales de haber trabajado abundantemente por el Reino? Inclinemos los ojos a nuestros pies ¿Acompañamos a los que necesitan nuestra ayuda y nuestro consejo, nuestro auxilio o nuestra cercanía? Observemos nuestro costado ¿Brota de él sacrificio, pasión, comprensión, o perdón?

7.No nos quejemos tanto de cómo está el mundo; de que la Iglesia no vive sus mejores horas. Cristo, desde su descenso a este mundo en Navidad, no lo tuvo tampoco fácil. Pocos se percataron de su presencia. Pocos se arrodillaron ante El. Pero, en la mañana de la Pascua, fue apareciéndose a aquellos pocos que, como tú o como yo, le amamos y esperamos su retorno.

8.”Un sacerdote indiferente lleva a su comunidad a la indiferencia”. Comprometamos toda nuestra existencia al servicio de aquello que, nuestro Obispo, nos ha enviado. La pereza, la desilusión, el desencanto o las excusas no son buenos remos para mover la barca de Cristo. “Yo estará con vosotros hasta el fin del mundo.”

9.Demos gracias a Dios por nuestra vocación. Un don inmenso y, a veces, sumergido o teñido por algunas deficiencias de nosotros los curas. Agrademos a Dios aunque, en ese intento, desagrademos a un mundo que nos quisiera más como marionetas que como servidores de Jesús.

10.Transmitamos, con convencimiento , tiempo, testimonio y constancia aquello por lo que, un día, nos hicimos sacerdotes: CRISTO VIVE EN NOSOTROS. Que nada; ninguna tribulación, complicaciones, dudas o contradicciones paralicen aquel motor por el que nos movemos y nos existimos: EL DESEO DE EVANGELIZAR HOY Y AQUÍ

¡FELIZ PASCUA, SACERDOTE!


Agradecimiento a D. Javier Leoz,
delegado episcopal de religiosidad popular

miércoles, 7 de abril de 2010

Oracion por las vocaciones

Oración Vocacional
¡Oh Jesús, Pastor Eterno de las almas!
dígnate mirar con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad.
¡Danos vocaciones!, ¡danos Sacerdotes y religiosos Santos!
Te lo pedimos por la lnmaculada Virgen María de Guadalupe,
tu Dulce y Santa Madre.
¡Oh Jesús, danos sacerdotes y religiosos santos
según tu Corazón!

Nuestro agradecimiento a Maricarmen Sanchez
de la parroquia de Ntra Sra del Refugio, cd. Mexico

P. Marco Antonio Foschiatti: “Resurrexit…et adhuc tecum suum.” Alleluia


"He resucitado y estoy contigo” Alleluia. En este Día de los días, en el Día que hizo el Señor[1], comenzamos la Eucaristía con estas misteriosas palabras tomadas del salmo 135, el salmo de la omnipresencia divina, nos canta la intimidad divina. Estas palabras nos introducen en un diálogo de Amor, ya que toda la Pascua es un acontecimiento de Amor[2]. Es el Corazón petrificado del Hijo, el Corazón traspasado de Jesús que vuelve a latir con la fuerza del Amor Divino. Vuelve a latir siendo la Vida y la Resurrección del mundo. El Corazón de Jesús se despierta de la muerte volviéndose al Padre y le dice: ¡Padre, he Resucitado…me has escuchado! Padre, me levanto de la muerte, he realizado tu Obra… ¡Padre estoy contigo, vuelvo a Ti! Padre, ya estoy contigo para siempre, me enseñas el camino de la Vida[3], me sacias de gozo eterno en tu Presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
El Corazón de Jesús vuelve a latir…Ese Corazón que se desbordó de amor en el Cenáculo, llegando hasta el fin[4]…no podía habernos amado más. Era su entrega en plenitud: haciéndose esclavo, abajándose, despojándose de sí, lavando nuestras sucias vidas con el bautismo de su Pasión, con el bautismo de Su Sangre. No podía habernos dado mayor muestra de amor anticipando su muerte, su entrega libre y voluntaria en Su Cuerpo partido y en Su Sangre derramada. Ese Cuerpo y Sangre del cual vivimos, por el cual vivimos la misma Vida del Señor, la Vida por la cual el vive para el Padre[5], vuelto hacia El. En Pascua el Corazón de Jesús vuelve a latir, es el Corazón del Piadoso Pelícano que se hiere el pecho en su amor para nutrir y engendrar a la vida a sus hijitos. Ese pecho herido que nos nutre vuelve a latir, late en Eucaristía perpetua, en manantial que ya salta en nuestros corazones hasta la Vida Eterna[6].
El Corazón de Jesús vuelve a latir…es el Corazón en donde ha nacido nuestro Sacerdocio el Jueves Santo. Es el Corazón que quiere prolongar Su acto de amor salvífico en sus pobres amigos, en sus sacerdotes, a quienes les ha confiado todo, a quienes les ha confiado lo más hondo de Su Misterio[7].
El Corazón del Resucitado se vuelve en la tarde de Pascua soplo vivificante, recreador. Soplo del Nuevo nacimiento en el Espíritu[8] para aquellos que estaban muertos, enfermos, deformados por la lepra del pecado. El soplo del Resucitado sigue viviente y operante en este Octavo Día de la Nueva Creación que ya ha comenzado: “Sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo…los pecados les serán perdonados a aquellos que se los perdonen, y les serán retenidos a aquellos que se los retengan[9]”. ¿No percibimos ése cálido soplo de la Primavera de Jesús en nuestros corazones?
Hoy todo corazón humano es llamado a esta recreación, a esta vivificación, a este soplo del Resucitado[10]. Pero Jesús sigue necesitando de sus amigos, de los testigos de su Pascua, de sus sacerdotes, prolongación de los latidos de su Sagrado Corazón exánime de tanto amor en el Cenáculo, en Getsemaní, en el Pretorio, en la cumbre del Calvario. En este año sacerdotal Jesús quiere latir en el Corazón de sus sacerdotes de manera única, totalizante. Quiere que sus vidas se pierdan en el torrente de misericordia de su Corazón. Jesús Resucitado vuelve a nosotros en tus sacerdotes, en el renovado y pascual latir de sus corazones. Hazlos Amor como tu Corazón, ya que “el Sacerdocio es el Amor del Corazón de Jesús” (San Juan María Vianney)
¡Padre…he resucitado y estoy contigo! Nos sigue cantando la voz del Hijo en el Introito de Pascua. He cargado sobre mí la distancia casi infinita del corazón humano sin Dios, Yo soy en mi Carne resucitada la reconciliación de esa distancia, he bajado a los abismos en donde se asfixia el hombre. Yo, que Soy el Verbo de Vida y de Luz he querido bajar a las tinieblas. He querido cargar con las tinieblas para vencerlas en mi entrega de Amor: “Sí, he hecho el viaje hasta lo más profundo de la tierra, hasta el abismo de la muerte y he llevado la luz; y ahora he resucitado y estoy agarrado para siempre de tus manos”.[11]
Sí, Padre, he resucitado y de nuevo estoy contigo…Pero no vuelvo de la muerte sólo, llevo conmigo…llevo en mi Carne herida y glorificada. Llevo en mi Cuerpo, porque desde la Pascua son Cuerpo mío, a todos los que me diste. A todos los que he rescatado de las tinieblas de la muerte, a todos los que he liberado de las cadenas, la opresión del pecado y la muerte. Ellos también resucitan en Mí, vuelven a Ti en Mí, son incorporados al círculo eterno de amor en el cual vivimos. Ellos nacen como hijos en mi Pascua. Por eso: ¡Padre he resucitado! Y de nuevo estoy contigo. Por ello: ¡Padre en mí han resucitado! En el bautismo han muerto conmigo[12] y hoy conmigo se levantan y vuelven a Ti. Volvemos al abrazo de tus manos buenas. Volvemos a tus manos de Padre misericordioso. Volvemos a tus manos creadoras y paternales.
A todos ustedes hijitos[13] de mi Pascua, hijitos de mis lágrimas, de mi sudor de Sangre, de mi agonía, de mi soledad, de mi abandono. Sepan que hoy volverán a verme y se alegrarán sus corazones y tendrán una alegría que ningún poder humano les podrá quitar porque subo a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes. Los llevo en mis heridas, los llego grabados en mi Corazón herido. Desde este Noche Santa, fuente de Vida y de Luz en las tinieblas, los llevo en mi Gozo sin fin, en mi Corazón que estalla de alegría para siempre[14]. Vuelvan siempre al Corazón de su Redentor, vuelvan a mi para tener Vida, vuelvan a esta Pila Bautismal que es mi Sagrado Corazón.

Sumerjan en este Corazón herido, y que ahora late eternamente, todas sus vidas, sus pesares, sus incertidumbres, todas sus desesperanzas…Yo las he gustado en la hiel de mi soledad en Getsemaní y en la Cruz, las he compartido con ustedes, las he fecundado con mi amor, y hoy quiero compartirles mi Pascua.

¡Oh Admirable intercambio!![15] Jesús has tomado todas nuestras tinieblas para darnos toda tu luz. Y hoy todo está lleno de tu luz[16], hoy todo arde en la llama de tu Resurrección.

“Les mostró las llagas y el costado”[17] Señor nos muestras los signos glorificados de tu amor por nosotros. Deja que en esta Pascua vayamos corriendo con Pedro y Juan a tu sepulcro vivificante, deja que en tu Costado abierto bebamos la Vida que renueva al mundo, deja que nos bauticemos en ésa fuente, para no ya vivir sino de tu Vida. Deja que el verdadero Cirio Pascual que es tu Corazón Resucitado pueda disipar las oscuridades de nuestra alma, danos ojos nuevos para verte, para ver el mundo a la luz de tu Resurrección. Danos tus ojos, Jesús Resucitado. A veces, como a María Magdalena, nos parece que estás desaparecido y muerto; de tanto revolvernos en nuestra pena y de beber nuestras lágrimas no tenemos la capacidad de verte ya junto a nosotros.

Divino Jardinero, que trabajas nuestra alma para hacerla tu Paraíso de delicias. Necesitamos que nos llames por nuestro nombre[18], que en esta Pascua nos des un nombre nuevo[19], que tus labios resucitados pronuncien nuestro nombre para que cese el llorar y brille la sonrisa ante tu Presencia, ante tu Dulce Presencia: “Iesu dulcis memoria, dans vera cordis Gaudia, sed super mel et omnia, ejus dulcis Praesentia”[20].

Divino Jardinero, Resucitado amoroso, que no dejas de labrar la dura tierra de nuestra corazón, míranos, llámanos, enjuga con tu Resurrección las lágrimas de nuestro dolor que nos aísla, nos enceguece, nos impide percibirte Vivo y vivificante:

“Mujer, ¿por qué lloras, a quién buscas[21]?” El que buscas está contigo, ¿no lo sabes? Posees la verdadera y eterna felicidad, ¿y lloras? Tienes dentro de ti al que fuera de ti buscas. Y verdaderamente estás afuera, llorando junto a una tumba. Pero Jesús te dice: Tu corazón es mi sepulcro, en el cual yo no descanso muerto, sino vivo para siempre. Tu alma es mi Jardín… Tu llanto, tu amor y tu deseo son obra y efecto mío, me posees dentro sin saberlo, por eso me buscas por fuera. Por eso yo me apareceré a ti en lo exterior, para conducirte a tu interior y hacerte hallar dentro lo que buscabas fuera. María, yo te conozco por nombre, aprende tú a conocerme por fe…”[22]

Divino Jardinero dinos también a nosotros las palabras del Introito de Pascua: “Resurrexit et adhuc tecum suum”. He resucitado, me he sumergido en tu abandono, en tu oscuridad, en tu muerte, en tu abismo, en tus infiernos…No temas…me levanto y te levanto. He puesto mi Mano herida y glorificada sobre Ti…Estoy contigo para siempre.

Las palabras del Resucitado al Padre también se vuelven a su Iglesia, con un matiz personal, se vuelven a cada alma-Iglesia, para decirle que nunca se encontrará sola: He Resucitado…estoy contigo para siempre en el tiempo y la eternidad, Yo soy el Señor del tiempo y de la eternidad[23]:

“Mi mano te sostiene. Dondequiera que tu caigas, caerás en mis manos. Estoy presente incluso a las puertas de la muerte. Donde nadie ya no puede acompañarte y donde tú no puedes llevar nada, allí te espero yo y para ti transformo las tinieblas en luz”.[24]

¡Qué bello sería si en esta tarde de Pascua cada uno pudiera hacer una pequeña caminata! Un caminar casi litúrgico, una peregrinación. Podría ser en el campo, en un parque, o en el desierto de nuestras ciudades. En ese caminar sería muy bueno revivir la peregrinación de nuestra vida…el camino de nuestra vida sigue y sigue: ¿hacia dónde vamos, a dónde queremos ir? ¿Por qué no invitar al Peregrino de Emaús, el Camino que lleva a la Vida, que se venga a compartir nuestra marcha? ¿Percibimos que sin Jesús caminamos en tinieblas y en sombras de muerte?

Mientras caminamos, en ese atardecer único de Pascua, pensemos en los dos discípulos de Emaús. También ellos, como nosotros, iban apesadumbrados y tristes; su rostro bañado de desilusión y desesperanza se vuelve al misterioso Peregrino. ¡Oh maravilla de la Pascua de Jesús! El Resucitado se hace compañero de nuestros caminos, aún cuándo queremos alejarnos de Él y de su misión. El Camino, la Verdad y la Vida se acerca a estos dos hombres con una loza más pesada en sus corazones que la piedra ya removida del Sepulcro de Cristo. El Divino Peregrino habla, conversa dulcemente, les va mostrando el sentido de todo, les abre el sentido de Su Cruz, de Su dolor, de Su Padecimiento. Todo ello era necesario para que el Cristo pudiera entrar en la Gloria de su Padre. ¿Por qué en humildad no le presentemos al Señor también nuestros “por qué”? ¿Por qué Peregrino no nos descubres el sentido de amor de nuestro padecer, de nuestras cruces, que sin Ti se vuelven insoportables y aplastantes?

Esos corazones fríos y duros se van abriendo a la Pascua, sienten el fuego y la luz de una Presencia. La tristeza da lugar a la súplica, al deseo de más intimidad, ese Peregrino da sentido a sus vidas: Quédate con nosotros, porque es tarde y anochece ya[25]. El Señor entra en su morada y les parte el pan. Ante el Signo de su Amor entregado se abren sus ojos, lo reconocen: ¡En verdad ha resucitado! El Peregrino se queda como luz en sus corazones, y en medio de la noche, retornan para ser mensajeros de la Pascua. Ya no hay noche, el Pan partido de Jesús los ha iluminado. Sí, mis hermanos, en medio de los caminos oscuros de nuestro mundo, el Resucitado Peregrino camina junto a nosotros, es nuestra Luz. Y en la Eucaristía, como un susurro, de amor nos dice: Ya no temas, anúnciame…Yo soy la Luz, no temas si el camino está oscuro. He resucitado y para siempre estoy contigo.

Ante el sol que declina en este Día Único, recordando que ha nacido en el alba bailando de júbilo[26], llamando al júbilo a toda criatura, anhelemos la Pascua sin ocaso, el Domingo sin ocaso en el que la familia de Dios entrará en la Fiesta y el Gozo de Su Señor. No temamos el ocaso, un Nuevo Sol resplandece ya glorioso para siempre: Jesucristo. Sólo nos resta alabar:

“¡Hoy es el Día de la Resurrección! Pascua, Pascua del Señor, Pascua. La Pascua Santísima ha aparecido. Pascua. Abracémonos con alegría unos a otros. Pascua que nos liberas de la tristeza, porque hoy Cristo, salido resplandeciente de la tumba, ha colmado a las mujeres de gozo diciendo: Llevad la noticia a los apóstoles. Es el Día de la Resurrección. Irradiemos gozo por esta fiesta, abracémonos los unos a los otros, llamémonos todos hermanos, perdonemos todo por la Resurrección, y gritemos: ¡Cristo ha resucitado, y nos ha dado la vida en su indecible amor”[27]


Nuestro agradecimiento al P. Marco Antonio Foschiatti OP
Noviciado San Martín de Porres Mar del Plata


Oración a Jesús Resucitado
(para utilizarla en nuestra meditación personal y en nuestro camino de Emaús)

Señor, demuestra también hoy que el amor es más fuerte que el odio. Que es más fuerte que la muerte. Baja también en las noches y en los infiernos de nuestro tiempo moderno y toma de la mano a los que esperan. ¡Llévalos a la Luz! ¡Estáte también conmigo en mis noches oscuras y llévame fuera! ¡Ayúdame, ayúdanos a bajar contigo a la oscuridad de quienes esperan, que claman a ti desde el vientre del infierno! ¡Ayúdanos a llevarles tu luz! ¡Ayúdanos a llegar al “si” del amor, que nos hace bajar y precisamente así subir contigo.


Benedicto XVI


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[1] Sal.117.
[2] “El acontecimiento sorprendente de la Resurrección de Jesús es esencialmente un acontecimiento de amor: amor del Padre que entrega al Hijo para la salvación del mundo; amor del Hijo que se abandona en la voluntad del Padre por todos nosotros; amor del Espíritu Santo que resucita a Jesús de entre los muertos con su Cuerpo transfigurado. Y todavía más: amor del Padre que vuelve a abrazar al Hijo envolviéndolo en su gloria; amor del Hijo que con la fuerza del Espíritu Santo vuelve al Padre revestido de nuestra humanidad transfigurada” Benedicto XVI, Mensaje de Pascua de 2008.
[3] Sal. 15.
[4] “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” Jn 13, 1 y Jn 15, 13 “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”.
[5] Jn 6, 57.
[6] Jn 4, 14.
[7] Jn 15, 14-15.
[8] Jn 3, 5.
[9] Jn 20, 22-23.
[10] Gn 2, 7.
[11] Benedicto XVI, Homilía en la Vigilia Pascual, 7 de abril de 2007.
[12] “Cuántos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte.” Rm 6, 3-10. Este texto admirable nos presenta la realidad de nuestro bautismo como el de un morir con Cristo, un ser sepultados con El, un Con-resucitar haciéndonos una misma cosa con Cristo, injertándonos en su Vivir para Dios.
[13] Jn 13, 33.
[14] “Sólo Cristo Resucitado puede llevarnos hacia arriba, hasta la unión con Dios, hasta donde no pueden llegar nuestras fuerzas. Él carga verdaderamente la oveja extraviada sobre sus hombros y la lleva a casa. Nosotros vivimos agarrados a su Cuerpo, y en comunión con su Cuerpo llegamos hasta el Corazón de Dios. Y sólo así se vence la muerte, somos liberados y nuestra vida es esperanza.” Benedicto XVI, Homilía en la Vigilia Pascual de 2007.
[15] “¡Oh Pascua de Dios que desciende a la tierra del cielo y que vuelve a subir de la tierra al cielo! ¡oh gozo universal, honor, festín, delicias, tinieblas de la muerte disipadas, vuelve la vida a todos y, se abren las puertas de los cielos! Dios se ha hombre y el hombre se ha hecho Dios… (S. Hipólito de Roma, Himno Pascual de la Traditio Apostólica)
[16] “Hoy todo está resplandeciente de Luz, el cielo, la tierra, los abismos porque Cristo se levanta de la muerte y a los muertos vivifica.” Canon de Pascua
[17] Lc 24, 39.
[18] Jn 10, 3.
[19] Ap 3, 12.
[20] Iesu dulcis memoria. Himno latino al Dulcísimo Nombre de Jesús, atribuido al Melifluo Bernardo.
[21] Jn 20, 15.
[22] San Bernardo, In pass. et resurrect. Domini.
[23] Palabras en la confección del Cirio Pascual: “Cristo, ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega, suyo es el tiempo y la eternidad, a Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén”
[24] Benedicto XVI, Homilía en la Vigilia Pascual, 7 de abril de 2007.
[25] Lc 24, 29.
[26] Es tradición entre los ortodoxos rusos de que el Sol de la mañana de la Resurrección amanece danzando, bailando. Llamando al júbilo a toda criatura. Dicen que los Padres de la Iglesia ya se referían a este fenómeno, que ciertamente es un bello signo espiritual. El Sol que danza es Cristo, Luz Resucitada del mundo, que vence para siempre las tinieblas de la muerte. Un eco de esto nuevamente lo encontramos en el Canon de la Noche Santa, compuesto por San Juan Damasceno, que nos canta bellamente: “Madruguemos con el alba y ofrezcamos al Señor las alabanzas puras, en vez del bálsamo y la mirra. Contemplemos a Cristo, el Sol de Justicia, que brota danzando del Sepulcro, otorgando la vivificación a toda criatura”. También nuestro Exsultet hace referencia al Sol “bailarín” de Cristo que no conoce el ocaso: “Qué el lucero de la mañana lo encuentre aún encendido. Aquel lucero que no conoce el ocaso. Aquel que surgiendo de los abismos, resplandeció sereno para todo el género humano”.
[27] Final del Canon de la Resurrección compuesto por San Juan Damasceno.

domingo, 4 de abril de 2010

DOMINGO DE RESURRECCIÓN


FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN
A TODOS LOS QUE SIGUEN
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