viernes 31 de julio de 2009

Oraciones a la Virgen por y de los sacerdotes

I
Madre de Cristo,
Sumo y Eterno Sacerdote,
fuente de reconciliación para el mundo,
derrama sobre nosotros su luz,
su amor, su perdón.
Madre de la Vocación,
Madre de los sacerdotes;
hazlos puros, hazlos limpios,
vibrantes en la oración.
Hazlos fuertes en la esperanza,
firmes en el amor ...
fuentes vivas, llamas nuevas,
murallas de la ciudad de Dios.
Haz que sean santos
y sean sacerdotes según el Corazón de Jesús.
Amen.
II
Madre Nuestra, María Santísima, Madre del verdadero Dios por quien, en quien y con quien vivimos, hoy te suplico humildemente que intercedas por tu hijo N. sacerdote. Pídele a Dios Espíritu Santo, encender en el corazón de este sacerdote tuyo el fuego de su amor. Un fuego que le dé calor a él primero y luego que la chispa de ese fuego contagie a todos los que se acerquen a él. Un fuego que caliente a los que tengan frío en su corazón, que sea una llama de amor que no se apague nunca, ni de noche ni de día. Que sea un fuego que queme todo los resentimientos, todos los malos recuerdos, todo lo negativo, todo el dolor, toda la falta de amor, todo lo que necesita renovarse. Y luego que brote de ese mismo corazón un río de agua viva, un río que apague primero la sed de este tu siervo, su sed de Dios, su sed del Amor de Dios, su sed por la salvación de las almas. Y después que sea una fuente de donde las almas puedan encontrar y experimentar el amor de Dios, su misericordia, su perdón por medio de la absolución dada por Tu Hijo Jesucristo a través de las manos de este sacerdote tuyo.
Madre Nuestra, este amor, este fuego, esta agua viva es urgente que Dios le permita a este sacerdote experimentarlos, para su propia paz, alegría y salvación y para compartirlas con todas las almas que Dios tenga destinadas que se salven a través de su contacto con este humilde sacerdote tuyo. Gracias por tu amor y tus cuidados maternales. Cúbrenos con tu manto y protégenos de todos los males y de las asechanzas del demonio. Sé tu nuestra guía, nuestro lucero, nuestro faro, enséñanos el camino al Cielo donde por medio del amor, la misericordia y el perdón de Dios esperamos gozar por siempre del Amor de Dios , junto contigo por siempre. Amén.

III
Oración del Párroco a la Santísima Virgen María
Oh María, Madre de Jesucristo, Crucificado y Resucitado, Madre de la Iglesia, pueblo sacerdotal, Madre de los sacerdotes, ministros de tu Hijo: acoge el humilde ofrecimiento de mí mismo, para que en mi misión pastoral pueda anunciar la infinita misericordia del Sumo y Eterno Sacerdote: oh “Madre de misericordia”.
Tú que has compartido con tu Hijo, su «obediencia sacerdotal», y has preparado para él un cuerpo en la unción del Espíritu Santo, introduce mi vida sacerdotal en el misterio inefable de tu divina maternidad, oh “Santa Madre de Dios”.
Dame fuerza en las horas oscuras de la vida, confórtame en la fatiga de mi ministerio que tu Jesús me ha confiado, para que, en comunión Contigo, pueda llevarlo a cabo con fidelidad y amor, Oh Madre del Eterno Sacerdote, «Reina de los Apóstoles, Auxilio de los presbíteros».
Tú que has acompañado silenciosamente a Jesús en su misión de anunciar el Evangelio de paz a los pobres, hazme fiel a la grey que el Buen Pastor me ha confiado.
Haz que yo pueda guiarla siempre con sentimientos de paciencia, de dulzura de firmeza y amor, en la predilección por los enfermos, por los pequeños, por los pobres, por los pecadores, oh “Madre Auxiliadora del Pueblo cristiano”.
A Ti me consagro y confío, oh María, que, junto a la Cruz de tu Hijo, has sido hecha partícipe de su obra redentora, «unida con lazo indisoluble a la obra de la salvación». Haz que, en el ejercicio de mi ministerio, pueda sentir siempre más «la dimensión espléndida y penetrante de tu cercanía» en todo momento de mi vida, en la oración y en la acción, en la alegría y en el dolor, en el cansancio y en el descanso, oh “Madre de la Confianza”.
Concédeme oh Madre, que en la celebración de la Eucaristía, centro y fuente del ministerio sacerdotal, pueda vivir mi cercanía a Jesús en tu cercanía materna, porque «cuando celebramos la Santa Misa tú estás junto a nosotros» y nos introduces en el misterio de la ofrenda redentora de tu divino Hijo, oh «Mediadora de las gracias que brotan de esta ofrenda para la Iglesia y para todos los fieles» oh “Madre del Salvador”.
Oh María: deseo poner mi persona, mi voluntad de ser santo, bajo tu protección e inspiración materna para que Tú me guíes hacia aquella “conformación con Cristo, Cabeza y Pastor” que requiere el ministerio de párroco. Haz que yo tome conciencia de que “Tú estás siempre junto a todo sacerdote”, en su misión de ministro del Único Mediador Jesucristo: Oh “Madre de los Sacerdotes”,“Socorro y Mediadora” de todas las gracias. Amén
III
Oración del Sacerdote a la Virgen María
Concédeme:
tu ayuda maternal
para poder dominar mi debilidad;
tu plegaria
para que pueda ser hombre de oración;
tu protección
para que me alejes del pecado;
tu amor
para poder iluminar a mis hermanos como hombre de perdón;
tu bendición para ser nada menos,
que la imagen de tu Hijo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo;
tu presencia de Madre,
para que viva mi soledad Sacerdotal con alegría;
tu humilde confianza,
para que sea fiel en los momentos de desaliento y de fatiga.
En tus manos, Madre, coloco mi fe y mi vida.
Guarda en tu amor la pureza de mi corazón,
para Jesús. Amén
Beata M. Teresa de Calcuta

miércoles 29 de julio de 2009

PEDIDO DE ORACIÓN


Nos envían este e-mail pidiendo oraciones por un sacerdote enfermo.

Les pido por favor oren por el Padre Antonio Pintaric, de la Parroquia de nuestra señora del Valle, de la diocesis de Morón (Argentina) que se encuentra en terapia intensiva, con un cuadro delicado. El Padre Antonio es un sacerdote que ha hecho mucho por la Parroquia, desde que era sólo de chapas, hasta la hermosa iglesia que es hoy, no hubo un alma a la que no le pidiera colaboración ,en dinero o trabajo, padeció muchas necesidades y sufrimientos. Sufrió de muy chico la guerra, perdiendo a su familia y viniendo a nuestro país solo. Su amor por la Virgen del Valle lo ha protegido y espero lo siga haciendo.
Saludos y que el Señor los bendiga. Les pido vuestras oraciones. gracias.
Oh Maria, Salus infirmorum, ora pro eo.

PENSAMIENTOS SOBRE LA VIRGEN MARÍA


Imagen del Corazón de María a quien el Santo Cura construyó una capilla en la Iglesia y consagró su parroquia. Dentro del Corazón de la Santísima Virgen depositó el nombre de todos sus parroquianos escrito en una cinta de seda blanca.
I
María, no me dejes ni un instante, estate siempre a mi lado. Volvamos a ella con confianza, y estaremos seguros de que, por miserables que seamos, ella obtendrá la gracia de nuestra conversión. María es tan buena que no deja de echar una mirada de compasión al pecador. Siempre está esperando que le invoquemos. En el corazón de María no hay más que misericordia.
II
La Santa Virgen está entre su Hijo y nosotros. Aunque seamos pecadores, ella está llena de ternura y de compasión hacia nosotros. El niño que más lágrimas ha costado a su madre es el más querido. ¿No corre una madre siempre hacia el más débil y expuesto? Un médico en un hospital, ¿no presta más atención a los más enfermos?
III
El hombre había sido creado para el cielo. El demonio rompió la escalera que conducía a él. Nuestro Señor, por su pasión, ha construido otra para nosotros. La santísima Virgen está en lo alto de la escalera y la sostiene con sus manos.
IV
Si para dar algo a la Santísima Virgen pudiese venderme, me vendería
V
A menudo se compara a la Santa Virgen con una madre; pero ella es mejor que la mejor de las madres: pues la mejor de las madres castiga a veces a su hijo que le da guerra, y al hacerlo ella cree hacer bien. Pero la santa Virgen, no hace así; ella es tan buena que nos trata siempre con amor.
El corazón de esta buena Madre no es más que amor y misericordia, no desea más que vernos felices. Sólo hay que inclinarse hacia ella para ser atendido.
VI
Cuando hablamos de los objetos de la tierra, del comercio, de la política nos cansamos: pero cuando se habla de la Santa Virgen es siempre nuevo. Todos los santos han tenido una gran devoción a la Santa Virgen; ninguna gracia viene del cielo sin pasar por sus manos.
VII
No se entra en una casa sin hablar con al portero; pues bien: ¡la Santa Virgen es la portera de cielo! Cuando se quiere ofrecer algo a un gran personaje, se le hace llegar a través de la persona preferida por el, con el fin de que ese regalo le sea más agradable. Así nuestras plegarias, presentadas por la Santa Virgen, tiene otro mérito, porque la Santa Virgen es la única criatura que nunca ha ofendido a Dios.
Cuando nuestras manos han tocado aromas, aromatizan todo lo que tocan. Hagamos pasar nuestras plegarias por la Santa Virgen, ella las aromatizará.
VIII
Pienso que en el fin del mundo la Santa Virgen estará tranquila; pero mientras este mundo dura, Ella está como inquieta, pendiente de todo. La Santa Virgen es como una madre que tiene muchos hijos, y continuamente está ocupada yendo de uno a otro.
IX
El corazón de María es tan tierno hacia nosotros, que todas las madres del mundo no son mñas que un trozo de hielo a su lado.
X
Un buen cristiano va siempre armado de su rosario. El mío nunca me deja.
XI
Dios podía haber creado un mundo más bello que el actual, pero él no podría dar el ser a una criatura más perfecta que María. Ella es la torre construida en medio de la viña del Señor.
XII
Una buena oración es la de pedir a la Santa Virgen que ofrezca al Padre eterno a su Hijo ensangrentado, herido, para pedir la conversión de los pecadores. Es la mejor oración que se puede hacer, por que todas las oraciones se hacen en nombre y por los méritos Jesucristo... Hijos míos, escuchad bien esto: todas las veces que he obtenido una gracia la he obtenido de este modo. Nunca ha fallado.
Fuente: Manglano C, J.P. Orar con el cura de Ars. DDB,2000

Juan Pablo II: El sacerdote es el hombre de la Eucaristía

El sacerdote es el hombre de la Eucaristía. En el arco de casi cincuenta años de sacerdocio, la celebración de la Eucaristía sigue siendo para mí el momento más importante y más sagrado. Tengo plena conciencia de celebrar en el altar in persona Christi. Jamás en el curso de estos años, he dejado la celebración del santísimo sacrificio. Si esto sucedió alguna vez, fue sólo por motivos independientes de mi voluntad. La santa misa es de modo absoluto el centro de mi vida y de toda mi jornada. Ella se encuentra en el centro de la teología del sacerdocio, una teología que he aprendido no tanto de los libros de texto, cuanto de modelos vivos de santos sacerdotes. Ante todo, del santo párroco de Ars, Juan María Vianney. Todavía hoy me acuerdo de la biografía escrita por el padre Trochu, que literalmente me conmovió. Nombro al párroco de Ars, pero no es el único modelo de sacerdote que me ha impresionado. Ha habido muchos otros santos sacerdotes a los que he admirado, habiéndolos conocido tanto a través de sus hagiografías como personalmente, porque son contemporáneos. Los miraba y aprendía de ellos el significado del sacerdocio, como vocación y ministerio.
de la Presbyterorum ordinis
27 de octubre de 2005

martes 28 de julio de 2009

Pio XII: "La santidad es la primera y más importante dote del sacerdote católico"


Mas, para que vuestra acción sea de veras bendecida por Dios y produzca fruto copioso, es necesario que esté fundada en la santidad de la vida. Esta es, como ya declaramos antes, la primera y más importante dote del sacerdote católico; sin ésta, las demás valen poco; con ésta, aun cuando las otras no sean tan eminentes, se pueden hacer maravillas, como se verificó (por citar sólo algunos ejemplos) en San José de Cupertino y, en tiempos más cercanos a nosotros, en aquel humilde cura de Ars, San Juan María Vianney, antes mencionado, a quien Nos pusimos por modelo y nombramos celestial patrono de todos los párrocos. Así, pues, ved —os diremos con el Apóstol de las Gentes—, considerad vuestra vocación, que el considerarla no podrá menos de haceros apreciar mejor cada día aquella gracia que os fue dada por la sagrada ordenación y estimularos a caminar de un modo digno del llamamiento con que fuisteis llamados.

domingo 26 de julio de 2009

Catequesis del Santo Cura de Ars: ¿Tienes religión en tu corazón?


¡Ay!, mis queridos hermanos, ¿qué hemos llegado a ser desde nuestra conversión? ¡En lugar de ir siempre adelante y creciendo en santidad, qué pereza y qué indiferencia mostramos! Dios no puede soportar esta inconstancia perpetua con la que pasamos de la virtud al vicio y del vicio a la virtud. ¿Decidme, hijos míos, no es este el mismo modelo de la manera que vivís? ¿Son vuestras pobres vidas otra cosa que una sucesión de hechos buenos y hechos malos? ¿No es verdad que vais a la Confesión y al mismo día siguiente caéis de nuevo– o quizás el mismo día?… ¿Cómo puede ser esto, a menos que la religión que tenéis sea irreal, una religión de hábito, una religión de costumbre de larga tradición, y no una religión arraigada en el corazón? Date cuenta, amigo mío; ¡eres sólo un oleaje! Date cuenta, mi pobre hombre; ¡en todo lo que haces, ere sólo un hipócrita y nada más! Dios no tiene el primer lugar en tu corazón; Ese está reservado para el mundo y el diablo. ¡Cuántas personas hay, mis queridos hijos, que parecen amar a Dios en serio por un rato pequeño y luego lo abandonan! ¿Qué encontráis, entonces, tan duro y tan desagradable en el servicio de Dios que os ha rechazado de un modo tan extraño y causó que pasarais al lado del mundo? Todavía cuando Dios os mostró el estado de vuestra alma, realmente llorasteis por él y comprobasteis cuanto os habíais equivocado en vuestras vidas. Si habéis perseverado tan poco, la razón de este infortunio es que el diablo debe haber estado grandemente afligido de haberos perdido puesto que ha hecho tanto para conseguiros de nuevo. Espera ahora guardaros totalmente. ¡Cuántos apóstatas hay, de hecho, que han renunciado a su religión y que son cristianos sólo de nombre!
¿Pero, me diréis, cómo podemos saber que tenemos la religión en nuestros corazones, en qué consistente esta religión?
Mis queridos hermanos, os diré en qué consiste: escuchad bien y entenderéis si tenéis religión como Dios quiere que la tengáis para llevaros al Cielo. Si una persona tiene virtud verdadera, nada ni nadie puede cambiarlo; está como una piedra en medio de un mar tempestuoso. Si alguien os desdeña, u os calumnia, si alguien se mofa de vosotros u os llama una hipócritas o un falsos santurrones, ninguno de estos tendrá el menor efecto en la paz de vuestra alma. Lo amaréis tanto como cuando les decía a cosas buenas sobre vosotros. No dejaréis de hacerle bien y ayudarle, aun cuando hable mal de vuestra ayuda. Haréis vuestras oraciones, confesaréis, comulgaréis, iréis a Misa, todo según vuestra costumbre general.
Para ayudaros a entender esto mejor, os pondré un ejemplo. Se cuenta que en cierta parroquia había un joven que era modelo de virtud. Asistía a Misa casi cada día y comulgaba a menudo. Sucedió que otro tenía envidia de la estima en que se tenía a este joven, y un día, cuando estaban ambos en la compañía de un vecino, que poseía una encantadora tabaquera de oro, el envidioso la tomó del bolsillo de su dueño la puso, inadvertido, en el bolsillo del joven. Después de que había hecho esto, sin pretender otra cosa, pidió ver la tabaquera. El dueño esperaba encontrarla en su bolsillo y se asombró cuando descubrió que le faltaba. No se permitió salir a nadie del cuarto hasta que se hubiera investigado a todo el mundo, y se encontró la tabaquera, por supuesto, en el joven que era modelo de bondad. Naturalmente, todo el mundo inmediatamente lo llamó una ladrón y atacó sus profesiones religiosas, lo denunciaron como una hipócrita y un falso santurrón. Él no podía defenderse, puesto se había encontrado la tabaquera en su bolsillo. No dijo nada. Lo sufrió todo como algo que había venido de la mano de Dios. Cuando caminaba a lo largo de la calle, cuando venía de la iglesia, o de Misa o de la sagrada comunión, todo el mundo que lo veía se burlaba de él y lo llamaba una hipócrita, un fraude, una ladrón. Esto siguió por un tiempo realmente largo, pero a pesar de ello, continuó con todos sus ejercicios religiosos, sus Confesiones, sus Comuniones, y todas sus oraciones, lo mismo que si todo el mundo lo tratara con sumo respeto. Después de unos años el hombre que había sido la causa de todo esto cayó enfermo. A los que estaban con él les confesó que él había sido el origen de todo las cosas malas que se habían dicho sobre este joven, que era un santo, y que por envidia, para destruir su buena fama, él había puesto la tabaquera en el bolsillo del joven.
He ahí, mis hermanos, una religión que es verdadera, que ha hechado raíz en el alma. Decidme, si todos de esos pobres cristianos que se confiesan creyentes tuvieran que pasar por tales pruebas, ¿imitarían a este joven? Ah, mis queridos hermanos, qué murmuraciones habría, qué amarguras, qué pensamientos de venganza, de difamación, de calumnia, incluso quizás de acudir a los tribunales… atacarían contra la religión; la desdeñarían y burlarían de ella y no diría nada más que males de ella; no serían capaces de hacer sus oraciones nunca más; no podrían ir a Misa; no sabrían qué más hacer o decir para justificarse; coleccionarían cada noticia de daño que ésta o esa persona había hecho, para decírsela a los demás, para repetirles a todo el mundo lo que sabían para dejarlos como mentirosos y calumniadores. ¿Cuál es la razón de esta conducta, mis queridos hermanos? Ciertamente es que nuestra religión es sólo de antojo, de hábito del larga tradición y rutina, y, si quisiéramos decirlo mas crudamente, porque somos hipócritas que sirven a Dios mientras todo va según nuestros deseos. Ay, mis queridos hermanos, todas estas virtudes que observamos en muchos aparentes cristianos están pero como las flores de primavera, que una ráfaga de viento caliente puede marchitar.

Ideas para el año sacerdotal: fiesta del Santo Cura de Ars

El próximo día 4 de agosto (8 de agosto en el Uso Extraordinario) es la fiesta litúrgica del San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars. El papa Benedicto XVI lo ha presantado como un ideal a seguir por todos los sacerdotes para ser según el Corazón de Cristo. Ya que este año sacerdotal se hace en el 150 aniversario de su muerte, sería bueno resaltar este fiesta en las diocesis, parroquias y comunidades religiosas. Para ello, se podría organizar:
  • Una novena (o triduo) preparativa de la fiesta en las parroquias o él mismo sacerdote. Novena que nos puede servir para pordundizar en el legado de San Juan María Vianney y, lo más importante, implorar su intercesión por todos los sacerdotes del mundo.
  • En el día de la fiesta se podía resaltar con una mayor solemnidad en la celebración de la Santa Misa, tomando lo propio de la Misa de san Juan María, con Homilía, con canto...
  • También se podría realizar en ese día algún otro acto litúrgico: el rezo con los fieles de Laudes o Vísperas o también un Jornada de adoración ante el Santísimo Expuesto o si no hay posibilidad un Exposición del Santísimo más breve.
  • Desde las diocesis o movimientos de espiritualidad a los que pertenecen sacerdotes se podría hacer un retiro, teniendo como centro la el mensaje sacerdotal del Santo Cura.

Material para fiesta del Santo Cura de Ars

viernes 24 de julio de 2009

Poema a los sacerdotes

Nos han enviado este hermoso poema inspirado en las palabras de S.S. Benedicto XVI a todos los sacerdotes. Nuestro agradecimiento a la autora Teresa Sanga desde Costa Rica.


A TODOS LOS SACERDOTES EN ESTE AÑO SACERDOTAL…
Sacerdote, sé lo que eres,
este año sacerdotal…
¡Enamórate de Cristo
y déjate conquistar!
¿Te sorprende te piden que seas santo?
¿Qué renueves tu mente y corazón?
¿Qué con Pablo transformes este mundo
para así consagrarlo para Dios?

¿Te sorprende te pidan que seas fiel
al llamado de Dios que es para siempre,
a tu Esposa imperfecta pero santa,
al rebaño traidor e indiferente?
Si pensaras como el Cura de Ars,
si tú fueras consciente de tu don,
si entendieras en serio que tú eres
lo más grande después del mismo Dios.
Dime si eres consciente de quien eres,
que por ti Dios desciende hasta el altar,
con tus manos bendice a cada hombre
y perdona cualquier iniquidad.
Si supieras de veras la grandeza
de este don que el Señor te regaló,
no andarías vacío ni cansado,
morirías hoy mismo de Su Amor.
¡Sacerdote, “levántate y camina”!
Pero no andes altivo, ya lo ves:
Jesús siendo de condición divina
vino al mundo cual siervo y no cual rey.
Sacerdote de Cristo, te preocupas,
por mil cosas te inquietas sin razón,
y una sola tan sólo es necesaria:
es el tiempo exclusivo para Dios.
A los pies del Maestro estar postrado,
meditar su Palabra en tu interior,
invocar al Espíritu Divino
transformándote en Cristo con Su Amor.
¡Que su Amor indiviso te posea
para dar testimonio con valor!
¡Que su Espíritu Santo te encadene
Y te impulse a ser fiel a tu misión!
Sacerdote, sé lo que eres:
Sólo Cristo y nada más,
nada más ni nada menos:
¡Ten su misma identidad!
Teresa Sanga Tomasevic,
Obra Misional Pontificia de San Pedro Apóstol
Costa Rica, 13 de julio de 2009

Oración del sacerdote a Santiago Apóstol


Astro brillante de España, Apóstol Santiago, a quién llamamos el mayor por ser del grupo de los predilectos del Señor teniendo la dicha de estar muy cerca de Jesús durante los tres años de su predicación.
Apóstol Santiago pudiste participar, juntamente con Pedro y Juan, en el momento de la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní y en el acontecimiento de la Transfiguración. En uno experimentaste la gloria del Señor, al verlo conversar con Moisés y Elías. En otro viste a tu Maestro ante el sufrimiento y la humillación, viste con tus propios ojos cómo el Hijo de Dios se humilló haciéndose obediente hasta la muerte. Conociste así que el Mesías, esperado por el pueblo judío como un triunfador, en realidad no sólo estaba rodeado de honor y de gloria, sino también de sufrimientos y debilidad. Caíste en la cuenta de que la gloria de Cristo se realiza precisamente en la cruz, participando en nuestros sufrimientos. Y, después de Pentecostés, henchido del Espíritu Santo pudiste dar el testimonio supremo por tu Señor entregando tu vida al que antes la había dado por ti.
Ahora, tus restos descansan en Compostela, desde donde sigues siendo un faro de luz para un mundo que camina sin sentido, para millones de personas que peregrinan sin meta, sin horizonte.
Enséñame, apóstol Santiago a responder con prontitud la llamada del Señor que se renueva cada día, enséñame a responder con generosidad incluso cuando me pide que deje la "barca" de las seguridades y comodidades humanas. Renueva en mí, sacerdote de Jesucristo, el entusiasmo para seguirlo por los caminos que él me señala más allá de mi presunción ilusoria, a avanzar presuroso por el camino de la santidad. Que haya en mí la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vid como lo han hecho tantos sacerdotes mártires durante veinte siglos. Que como tú, Apóstol Santiago, sea capaz de beber el cáliz del Señor para poder sentarme con él en el reino de los cielos.
Enséñame, Apóstol Santiago, caminar sin detenerme, entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, seguro de que si hay dificultades voy por el buen camino. Enséñame, Apóstol Santiago, a ser sacerdote según el Corazón de Jesucristo. Amén.
Basada en la catequesis del Papa Benedicto XVI

Viacrucis por los sacerdotes


OFRECIMIENTO
Oh Jesús, Pastor Eterno de las almas, dígnate mirar a los sacerdotes. Guárdalos al abrigo de tu corazón; conserva sin mancha sus manos que diariamente tocan tu Sacratísimo Cuerpo; conserva purificados sus labios con tu Preciosa Sangre; conserva inmaculado su corazón, marcado con el sello sublime del sacerdocio. No permitas que el espíritu del mundo los contamine. Aumenta el número de tus apóstoles, bendice sus trabajos; que el fruto de sus desvelos sea la salvación de muchas almas aquí en la tierra, para que sean su corona en el cielo. Amén.
PRIMERA ESTACION:
Jesús es condenado a muerte
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús es sentenciado a muerte. Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Jesús mío!, por el dolor que sufrió tu corazón por esta injusta sentencia, te ruego por tus sacerdotes que son injustamente juzgados y calumniados.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
SEGUNDA ESTACION:
Jesús carga con la cruz camino al calvario
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Jesús carga con la cruz. Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. Jesús mío! por la inmensa fatiga y la llaga que te causó el peso de la cruz en tu espalda, te ruego por tus sacerdotes. Dales fuerzas para que carguen con su cruz y la abracen con amor.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
TERCERA ESTACION:
Jesús cae por primera vez.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús cae por primera vez. Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Mi Jesús!, por esta primera caída te ruego por tus sacerdotes jóvenes, por tus seminaristas... Dales a todos perseverancia y fortaleza. Si alguno cae, levántalo para que vaya en pos de ti.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
CUARTA ESTACION:
Jesús se encuentra con su Santísima Madre
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos;
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Madre del Eterno Sacerdote!, por aquel terrible dolor que atravesó tu corazón, te ruego por la soledad de los sacerdotes. Quen en ti vean a la madre amorosa que los consuela y alienta.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
QUINTA ESTACION:
El Cireneo ayuda a Jesús
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
El Cirineo ayuda a llevar la cruz. Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Señor!, por aquella mirada de amor que dirigiste al Cireneo, cuando te ayudó a llevar tu cruz, te ruego por los sacerdotes. Que cuando la cruz les parezca pesada, sientan que tú la llevas con ellos y los miras con amor.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
SEXTA ESTACION:
La Verónica limpia el rostro de Jesús

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos;
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
La Veronica enjuga el rostro del Señor. Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Señor Jesús!, en aquellos momentos todos te daban la espalda, solamente ella se atrevió a acercarse y a limpiar tu Divino Rostro. Que tu santa imagen se grabe en las mentes de los sacerdotes para que te sean fieles. Que yo nunca te vuelva la espalda cuando tus sacerdotes necesiten de mí. Confórtalos con tu amor, para que sean valientes
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
SEPTIMA ESTACION:
Jesús cae por segunda vez
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús cae por segunda vez. Bendito sea para siempre tan gran Señor y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Señor Jesús!, por el peso de la cruz volviste a caer. Por este dolor, ruego tu misericordia para tus sacerdotes de edad madura; confórtalos en su fe, sosténlos; ten presente que hay muchas almas que gimen en la oscuridad y necesitan que alguien las lleve hacia ti. ¿Tus sacerdotes son la sal de la tierra y si la sal se desvirtua? Tenemos mucha necesidad de sacerdotes santos!
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
OCTAVA ESTACION:
Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús advierte a las mujeres que lloraban por El. Bendito sea para siempre tan gran Señor y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. Por aquellas palabras: "No lloreis por mi, sino por vosotras y vuestros hijos", danos, Señor, lágrimas de arrepentimiento verdadero por nuestras culpas y llena el corazón de tus sacerdotes de amor a la penitencia y a la oración. Que en todos los momentos permanezcan fieles sus promesas sacerdotales.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
NOVENA ESTACION:
Jesús cae por tercera vez
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús cae por tercera vez. Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Jesús mío!, por esta tercera caída te ruego que los sacerdotes sean "uno contigo"; que por la humildad puedan hacer desaparecer su propio egoísmo, para darte el paso a ti y ocupes tú el lugar primero en los corazones.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
DECIMA ESTACION
Jesús es despojado de sus vestiduras
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús despojado de sus vestiduras. Bendito sea para siempre tan gran Señor y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Cuánto dolor! ¡Cuánta amargura sufrió tu corazón! ¡Cuántas angustias padeció tu alma! Te ruego por tus sacerdotes caídos, por los que no te han sido fieles. Señor, ante tu dolor, no me atrevo a decir más...
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
UNDECIMA ESTACION:
Jesús es clavado en la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Jesús es clavado en la cruz. Bendito sea para siempre tan gran Señor y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Jesús mío!, por este terrible dolor, por tu sed, por tus llagas, por tus tribulaciones espirituales, te ruego que tus sacerdotes sientan cada día más sed de ti, para que lleven las almas al Padre.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DUODECIMA ESTACION:
Jesús muere en la cruz.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Mi Jesús! Por tus inenarrables dolores, por tus infinitas angustias, por tu muerte en la cruz, y por el padecimiento infinito se tu Santísima Madre, te imploro que sepan tus sacerdotes vivir y morir en la cruz de tu pasión, que ellos mismos escogieron con amor.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DECIMA TERCERA ESTACION:
Jesús es bajado de la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo
El cuerpo de Jesús es puesto en brazos de su Madre. Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Jesús mío! ¡Soledad de María! Cuánta amargura al contemplar el cuerpo exánime de tu hijo martirizado. Te ruego, Virgen Dolorosa, por la soledad de los sacerdotes. Llénalos tú con tu inconmensurable amor de madre, haz que comprendan que teniéndote a ti, dentro de su corazón, nunca... nunca, estarán solos.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
DECIMA CUARTA ESTACION:
Jesús es sepultado

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos
que por tu Santa Cruz redimiste al mundo
Jesús en el sepulcro. Bendito sea para siempre tan gran Señor, y su Santísima Madre que padeció tan gran dolor. ¡Jesús mío! por tu vida, pasión y muerte, te ruego que tus sacerdotes te amen siempre, para que al llegar la hora de su muerte, puedan decir: ¡Señor, todo lo hice por tu amor! Pongo en tus manos a todos los sacerdotes que están agonizando y a todos los sacerdotes difuntos. Sé tú Señor, su espléndida recompensa.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
ORACIÓN FINAL
¡Oh Jesús, Sacerdote eterno! Escucha nuestra plegaria por la porción más amada de tu corazón: tus sacerdotes. Nos unimos a ti en tu oración sacerdotal para decir contigo: "Padre que todos sean uno, como tú y yo somos uno." Amén.
Nuestro agradecimiento a Zayra Rosas
desde Méjico

jueves 23 de julio de 2009

ALEGRE NOTICIA DESDE ARGENTINA


Acabamos de recibir este e-mail del P. Raúl que ayer nos pedía oraciones por un hermano sacerdote que estaba muy grave. Parece que poco a poco, el P. Gustavo se va recuperando. No dejemos de rezar:


MUY ESTIMADOS EN CRISTO:


Con mucha alegría te comunico que el último parte diario del medio día, según me relata nuestro Obispo, es muy alentador pues el p. Gustavo ha despertado, después de 5 días de estar en coma. ¡¡¡GLORIA A DIOS Y A SU SANTISIMA MADRE!

He recibido también las oraciones de Fr. Sérgio y de su Comunidad, lo cual alienta mucho y se lo comunicaré a nuestro Obispo. Agradezco a TODOS uds. estas oraciones y los aliento a seguir orando hasta verlo recuperado y en la Casa de Dios.

Muchas gracias y te bendigo de corazón.


P. Raúl sdb.

Oración por los sacerdotes


Señor Jesús, te pido por tus sacerdotes.
Que cuando estén clavados en la cruz del confesionario,

pongas en ellos tu corona de luz
en vez de tu corona de espinas.

Que cuando, día a día te traigan al pan
convirtiéndolo en tu cuerpo,

ello no se les vuelva rutina sino diario milagro.
Que su trato con las almas sea siempre

para dejar en ellas el amor y el valor
que Tú nos entregas.
Que en la juventud tengan la fortaleza de tus últimos tres años,

y que en la vejez sigan sintiendo que "Dios alegra su juventud".
Que, sean como Tú, profundamente humanos
y perfectamente divinos.
Que cuando el desánimo y la flaqueza

los agobien en el camino de su calvario,
estés Tú, como Cireneo, para llevarles la cruz y volvérsela gozo.
!Y que nunca falte quien dé la vida por ellos,
así como Tú la diste por nosotros!
Amén.

Nuestro agradecimiento a Zayra Rosas

Oración por los seminaristas


Oh Jesús, Sacerdote Eterno, que en tu infinita bondad y providencia te dignas escoger de entre los hombres a los que llamas al estado sacerdotal, para que se ocupen de las cosas que pertenecen a Dios, que son tus intereses divinos y eternos. Mira cuán sensible y desventajoso es para tu Iglesia la disminución de los jóvenes que aspiran al sacerdocio, y cuántos pueblos hay que no tienen el suficiente número de sacerdotes para satisfacer su necesidad de Dios.
Las tentaciones utilitaristas de la época y el sensualismo de la vida, ha matado en los jóvenes la fe y las aspiraciones a lo sabrenatural, sólo buscan las ventajas y las comodidades personales que los arrastran al placer... y al dinero, que proporciona el placer. Crece el ejército de los que marchan con la mirada fija y obsesionada en los bienes de la tierra, olvidados de los bienes eternos del cielo.
Dígnate oir nuestra humilde oración en beneficio de tu Iglesia, y multiplica en favor de tus seminaristas las gracias qe necesitan para perseverar y que sean sacerdotes según tu corazón; amantísimos de la humildad, de la pureza, de la obediencia y de las almas que redimiste con tu preciosa sangre.
Virgen Santísima, Inmaculada María, presenta a tu Hijo Jesús nuestra humilde súplica, para que los seminaristas de todo el mundo, de manera particular los de nuestra arquidiocesis, sean santos de verdad y fieles a la gracia de su vocación.
Nuestro agradecimiento a Zayra Rosas
de Méjico

miércoles 22 de julio de 2009

PEDIDO DE ORACIÓN POR UN SACERDOTE ENFERMO

Esta mañana hemos recibido este e-mail de un sacerdote argentino que pide oraciones por otro sacerdote de su diocesis que está gravemente enfermo. Os animo a uniros a esta cadena de oración por este sacerdote.

Muy estimado hermanos en el sacerdocio, en la vida consagrada, hermanos y hermanas:

Me llegó un correo con todas las direcciones de uds. y como aquí en esta Diócesis de San Francisco (Argentina) tenemos un sacerdote joven, de 37 años, párroco del pueblo de Freyre en la Provincia de Córdoba que se llama GUSTAVO BALLARIO, muy enfermo, grave, con septisemia, si bien parecería darse una leve mejoría, es que llamo al corazón sacerdotal de todos Uds. PIDIENDOLES QUE LO PONGAN EN SUS ORACIONES.

¡Tan joven y con la necesidad de Sacerdotes que tenemos!!! Hay parroquias sin párrocos pues no los hay... oren, oren por favor, pidiendo al Buen Jesús Misericordioso la salud, si esa es su santa voluntad.

Hermanas de los Conventos, oren mucho, es otro Cristo que el pueblo de Dios reclama. Es un buen Sacerdote. Disculpen este atrevimeinto, pero mi amor sacedotal hace que busque ayuda en todas partes, como nos pidió nuestro Obispo. Agradecido de corazón por prestar atención a este pedido de oración, los bendigo en Cristo Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote.

P. Raúl sdb.

P.D. A los que reciban este correo y se pongan a orar, por favor, constéstenme a sí se lo comunico a nuestro Obispo y familiares del P. Gustavo. Muchas gracias. Mi correo es
keloarg55@hotmail.com.

"EL QUE NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR".

***

Oración por un sacerdote enfermo


Señor Jesucristo, que para redimir a los hombres y sanar a los enfermos quisiste asumir nuestra condición humana; mira con piedad a tu siervo N., sacerdote, que está enfermo y necesita ser curado en el cuerpo y en el espíritu.
Reconfórtalo con tu poder para que levante su ánimo y pueda superar todos sus males, y ya que has querido asociarlo a tu pasión redentora, haz que confíe en la eficacia de su dolor para la salvación del mundo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.



Virgo Maria, salus infirmorum,
ora pro eo.

Oración del sacerdote a Santa María Magdalena

Santa María Magdalena, acudo a tu poderosa intercesión
para que me ayudes a reconocer mi pecado.
Enséñame a tratar a Jesús
con la misma delicadeza que tú lo tratastes,
cuando en la casa del fariseo
enjugaste sus pies con tus lágrimas
y los secaste con tus cabellos.
Que mi vida sacerdotal sea ejemplo de delicadeza con el Señor
cada vez que celebro la Santa Misa y los Sacramentos
cumpliendo lo que la Iglesia me pide,
cada vez que hablo de él a mis hermanos,
cada vez que me acerco a un enfermo, a un niño, a un pobre.
Enséñame a llorar mi culpas
y hacer firme propósito de enmendar mi vida
mediante la penitencia y la caridad.
Enséñame a amar como tú lo hiciste,
porque al que mucho ama, mucho se le perdona.
Enséñame a amar con locura
para entregar toda mi vida, sin reservarme nada.
Haz que aprenda de ti la santa valentía
para estar junto a él en la cruz.
Enseñame a no tener respectos humanos,
a mostrar a todos que soy sacerdote de Jesucristo,
a ser valiente, a no moverme por lo que dirán.
Enséñame, Santa María Magdalena,
a buscar a Jesús con perseverancia,
para poder ser testigo de su resurreción.
Quiero como tú buscar a mi Maestro.
Ayúdame a no perderlo nunca,
y si me parece que no lo encuentro
a buscarlo con más ardor.
Con humildad acudo a ti,
escucha mis súplica sincera
e intercede por mí
ante el Trono de la misericordia.
Amén.

martes 21 de julio de 2009

Fr. Nelson Medina OP: ¿Sirven para algo lo curas?



¿Sirven para algo los curas?

LOS CURAS SIRVEN PARA SERVIR. Lo decía el padre a su hijo seminarista: como una escoba, hijo mío, como una escoba, siempre dispuesta a ser utilizada, pero sin esperar recompensa alguna; gastándose una vez y otra, pero sin esperar que la coloquen en una vitrina. Los curas han aprendido bien las palabras del Maestro: "Yo no he venido a ser servido, sino a servir" (Me 10, 44). Un cura que no sirve, no sirve.

LOS CURAS SIRVEN PARA PERDONAR. Antes que maestros y litúrgos son testigos de la misericordia divina. En un mundo violento y dividido, ellos son portadores del diálogo y del perdón. Están siempre ahí, como casa de acogida. Abren sus puertas cada día para escuchar confidencias, para quitar cargas, para devolver la alegría y la esperanza.

LOS CURAS SIRVEN PARA ILUMINAR. Son portadores de la palabra de Dios, que tratan de explicar y de vivir. Cuando nos cegamos con los espejismos y seducciones del mundo, ellos nos recuerdan las Bienaventuranzas. Cuando nos movemos a ras de tierra, ellos nos señalan el cielo. Cuando nos quedamos en la superficie de las cosas, ellos nos descubren la presencia de Dios en todo.

SIRVEN PARA INTERCEDER. El sacerdote prolonga la mediación de Jesucristo. Por eso es llamado pontífice, constructor de puentes entre el cielo y la tierra. Habla a Dios de los hombres y habla a los hombres de Dios. Decía San Juan de Avila: "Relicarios somos de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios... Esto, padres, es ser sacerdotes: que amansen a Dios cuando estuviera, ¡ay!, enojado con su pueblo; que tengan experiencia de que Dios oye sus oraciones y tengan tanta familiaridad con El".

SIRVEN PARA AMAR. Reservan su corazón para amar del todo a todos. Quieren ser para todos, amigos, padres y hermanos. Un amor liberado y agrandado. Un amor gratuito y oblativo, como antorcha que se va gastando poco a poco.

SIRVEN PARA HACER PRESENTE A JESUCRISTO. Todo sacerdote está llamado a ser otro Cristo. El sacerdote está para repetir las palabras y los gestos de Jesús, para continuar sus pasos y desvelar su presencia, para prolongar y actualizar su amor generoso. Y esto a dos niveles: el sacramental y el de la vida.

SIRVEN PARA SER EL ALMA DEL MUNDO. En un mundo sin espíritu, ellos son el alma, la luz, la sal y el perfume. Sin el sacerdote todo sería un poco más feo y oscuro. "Sacerdote no es el que se limita a hacer cosas, sino a hacer santos". (G. Rovirosa). Es verdad que, en cierta medida, a todo cristiano se le puede aplicar cuanto llevamos dicho, pero el sacerdote tiene vivencias y urgencias especiales. Gracias, hermanos sacerdotes, por vuestra "inútil" luminosidad. Manda Señor, sacerdotes, esos hombres tan raros que sólo sirven para servir.

Fr. Nelson M.OP

domingo 19 de julio de 2009

Pensamientos sobre la oración

I
“Quien no ama a Dios ata su corazón a cosas que pasan como el humo. Cuanto más se conoce a los hombres, menos se les ama. Con Dios ocurre lo contrario: cuanto más se le conoce, más se le ama. Este conocimiento abrasa al alma tal amor, que quien le conoce sólo ama y desea a Dios. El amor a Dios es un sabor anticipado del cielo: si supiéramos probarlo, qué felices seríamos. ¡Lo que hace desgraciado es no amar a Dios!”
II
"La oración es la elevación de nuestro corazón a Dios, una dulce conversación entre la criatura y su Criador".
III
"Con la oración todo lo podéis, sois dueños, por decirlo así, del querer de Dios".
IV
"La oración abre los ojos del alma, le hace sentir la magnitud de su miseria, la necesidad de recurrir a Dios y de temer su propia debilidad".
V
"Todos los males que nos agobian en la tierra vienen precisamente de que no oramos o lo hacemos mal".
VI
"Todos los santos comenzaron su conversión por la oración y por ella perseveraron; y todos los condenados se perdieron por su negligencia en la oración. Digo, pues, que la oración nos es absolutamente necesaria para perseverar".
VII
"¡Cuántas veces venimos a la iglesia sin saber a qué venimos ni qué queremos pedir! Sin embargo, cuando se va a casa de cualquiera, se sabe muy bien por qué uno se dirige a ella. Los hay que parecen decirle a Dios: «Vengo a decirte dos palabras para cumplir contigo...». Con frecuencia pienso que, cuando venimos a adorar a nuestro Señor, conseguiríamos todo lo que quisiéramos, con tal de pedirle con fe viva y un corazón puro".
VIII
"Nuestras oraciones han de ser hechas con confianza, y con una esperanza firme de que Dios puede y quiere concedernos lo que le pedimos, mientras se lo supliquemos debidamente".
IX
"Hemos de orar con frecuencia, pero debemos redoblar nuestras oraciones en las horas de prueba, en los momentos en que sentimos el ataque de la tentación".
X
Por muchas que sean las penas que experimentemos, si oramos, tendremos la dicha de soportarlas enteramente resignados a la voluntad de Dios; y por violentas que sean las tentaciones, si recurrimos a la oración, las dominaremos.
XI
La tercera condición que debe reunir la oración para ser agradable a Dios, es la perseverancia. Vemos muchas veces que el Señor no nos concede enseguida lo que pedimos; esto lo hace para que lo deseemos con más ardor, o para que apreciemos mejor lo que vale. Tal retraso no es una negativa, sino una prueba que nos dispone a recibir más abundantemente lo que pedimos".
Fuente: http://www.apologeticasiloe.com/

Oración del Papa Benedicto XVI al inicio del año sacerdotal

Reliquia del corazón del Santo Cura de Ars
ante la cual el Papa Benedicto XVI rezó la siguiente oración
en la inauguración del Año Sacerdotal
19-junio-2009
Señor Jesús, que en San Juan María Vianney, has querido dar a la Iglesia una imagen viva de tu caridad pastoral, haz que en su compañía y socorridos por su ejemplo, vivamos con plenitud este Año Sacerdotal.
Haz que como él, delante de la Eucaristía, podemos aprender lo simple y cotidiano de tu Palabra que nos instruye, el tierno amor para dar acogida a los pecadores arrepentidos; el consolador abandono confiado en tu Inmaculada Madre. Haz, Señor Jesús, que por la intercesión del Santo Cura de Ars, las familias cristianas se conviertan en "pequeñas iglesias" en las que se puedan acoger y valorar las vocaciones y todos los carismas regalados por tu Espíritu Santo. Concédenos, Señor Jesús, poder repetir con el mismo fervor del Santo Cura las palabras con las que solía dirigirse a ti:
Te amo, oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,
y prefiero morir amándote
que vivir un instante sin amarte.
Te amo, oh mi Dios,
Y la única gracia que deseo es amarte eternamente.
Dios mío, si mi lengua no es capaz de decir
a cada momento que os ama,
quiero que mi corazón lo diga
tantas veces cuantas respiro.
Te amo, oh Divino Salvador,
Porque ha sido crucificado por mí,
Y me tienes aquí crucificado contigo.
Dios mío, concédeme la gracia de morir amándote
y sintiendo que te amo.

Discurso a los participantes en el Congreso Europeo de Pastoral Vocacional


DISCURSO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A LOS PARTICIPANTES EN EL CONGRESO EUROPEO
DE PASTORAL VOCACIONAL
Sala Clementina. Sábado, 4 de julio de 2009

Queridos hermanos y hermanas:
Con verdadera alegría me encuentro con vosotros, pensando en el valioso servicio pastoral que realizáis en el ámbito de la promoción, animación y discernimiento de las vocaciones. Habéis venido a Roma para participar en un congreso de reflexión, confrontación e intercambio entre las Iglesias de Europa, que tiene por tema "Sembradores del Evangelio de la vocación: una Palabra que llama y envía" y cuya finalidad es dar nuevo impulso a vuestro compromiso en favor de las vocaciones.
Para cada diócesis, la atención a las vocaciones constituye una de las prioridades pastorales, que asume más valor aún en el contexto del
Año sacerdotal recién iniciado. Por eso, saludo de corazón a los obispos delegados para la pastoral vocacional de las distintas Conferencias episcopales, así como a los directores de los centros vocacionales nacionales, a sus colaboradores y a todos los presentes.
En el centro de vuestros trabajos habéis puesto la parábola evangélica del sembrador. El Señor arroja con abundancia y gratuidad la semilla de la Palabra de Dios, aun sabiendo que podrá encontrar una tierra inadecuada, que no le permitirá madurar a causa de la aridez, y que apagará su fuerza vital ahogándola entre zarzas. Con todo, el sembrador no se desalienta porque sabe que parte de esta semilla está destinada a caer en "tierra buena", es decir, en corazones ardientes y capaces de acoger la Palabra con disponibilidad, para hacerla madurar en la perseverancia, de modo que dé fruto con generosidad para bien de muchos.
La imagen de la tierra puede evocar la realidad más o menos buena de la familia; el ambiente con frecuencia árido y duro del trabajo; los días de sufrimiento y de lágrimas. La tierra es, sobre todo, el corazón de cada hombre, en particular de los jóvenes, a los que os dirigís en vuestro servicio de escucha y acompañamiento: un corazón a menudo confundido y desorientado, pero capaz de contener en sí energías inimaginables de entrega; dispuesto a abrirse en las yemas de una vida entregada por amor a Jesús, capaz de seguirlo con la totalidad y la certeza que brota de haber encontrado el mayor tesoro de la existencia. Quien siembra en el corazón del hombre es siempre y sólo el Señor. Únicamente después de la siembra abundante y generosa de la Palabra de Dios podemos adentrarnos en los senderos de acompañar y educar, de formar y discernir. Todo ello va unido a esa pequeña semilla, don misterioso de la Providencia celestial, que irradia una fuerza extraordinaria, pues la Palabra de Dios es la que realiza eficazmente por sí misma lo que dice y desea.
Hay otra palabra de Jesús que utiliza la imagen de la semilla, y que se puede relacionar con la parábola del sembrador: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24). Aquí el Señor insiste en la correlación entre la muerte de la semilla y el "mucho fruto" que dará. El grano de trigo es él, Jesús. El fruto es la "vida en abundancia" (Jn 10, 10), que nos ha adquirido mediante su cruz. Esta es también la lógica y la verdadera fecundidad de toda pastoral vocacional en la Iglesia: como Cristo, el sacerdote y el animador deben ser un "grano de trigo", que renuncia a sí mismo para hacer la voluntad del Padre; que sabe vivir oculto, alejado del clamor y del ruido; que renuncia a buscar la visibilidad y la grandeza de imagen que hoy a menudo se convierten en criterios e incluso en finalidades de la vida en buena parte de nuestra cultura y fascinan a muchos jóvenes.
Queridos amigos, sed sembradores de confianza y de esperanza, pues la juventud de hoy vive inmersa en un profundo sentido de extravío. Con frecuencia las palabras humanas carecen de futuro y de perspectiva; carecen incluso de sentido y de sabiduría. Se difunde una actitud de impaciencia frenética y una incapacidad de vivir el tiempo de la espera. Sin embargo, esta puede ser la hora de Dios: su llamada, mediante la fuerza y la eficacia de la Palabra, genera un camino de esperanza hacia la plenitud de la vida. La Palabra de Dios puede ser de verdad luz y fuerza, manantial de esperanza; puede trazar una senda que pasa por Jesús, "camino" y "puerta", a través de su cruz, que es plenitud de amor.
Este es el mensaje que nos deja el Año paulino recién concluido. San Pablo, conquistado por Cristo, fue un promotor y formador de vocaciones, como bien se desprende de los saludos de sus cartas, donde aparecen decenas de nombres propios, es decir, rostros de hombres y mujeres que colaboraron con él al servicio del Evangelio. Este es también el mensaje del
Año sacerdotal recién iniciado: el santo cura de Ars, Juan María Vianney —que constituye el "faro" de este nuevo itinerario espiritual— fue un sacerdote que dedicó su vida a la guía espiritual de las personas, con humildad y sencillez, "gustando y viendo" la bondad de Dios en las situaciones ordinarias. Así, fue un verdadero maestro en el ministerio de la consolación y del acompañamiento vocacional.
Por tanto, el
Año sacerdotal brinda una magnífica oportunidad para volver a encontrar el sentido profundo de la pastoral vocacional, así como sus opciones fundamentales de método: el testimonio, sencillo y creíble; la comunión, con itinerarios concertados y compartidos en la Iglesia particular; la cotidianidad, que educa a seguir al Señor en la vida de todos los días; la escucha, guiada por el Espíritu Santo, para orientar a los jóvenes en la búsqueda de Dios y de la verdadera felicidad; y, por último, la verdad, que es lo único que puede generar libertad interior.
Que la Palabra de Dios, queridos hermanos y hermanas, sea en cada uno de vosotros fuente de bendición, de consuelo y de confianza renovada, para que podáis ayudar a muchos a "ver" y "tocar" al Jesús que ya han acogido como Maestro. Que la Palabra del Señor habite siempre en vosotros, renueve en vuestro corazón la luz, el amor y la paz que sólo Dios puede dar, y os capacite para testimoniar y anunciar el Evangelio, fuente de comunión y de amor. Con este deseo, que encomiendo a la intercesión de María santísima, os imparto de corazón a todos la bendición apostólica.

viernes 17 de julio de 2009

Ofreciendo ideas para el año sacerdotal (II)


En el post OFRECIENDO IDEAS... PARA EL AÑO SACERDOTAL (I) aportamos algunas sugerencias para celebrar el Año Sacerdotal. Estas ideas estaban dirigidas a las diocesis y a las diferentes delagaciones que tienen por objeto directo a los sacerdotes.
En este segundo post queremos ofrecer sugerencias que las diocesis pueden tomar con respecto a los fieles laicos y religiosas.
  • CAMPAÑA DE DIFUSIÓN. Lo primero será dar a conocer la convocación del Año Sacerdotal. Desde la diocesis o desde la misma Conferencia Episcopal se puede preparar un cartel -que sea hermoso y con un significado descifrable- donde se anuncie el año sacerdotal. Será un recordatorio cada vez que durante este año los fieles entren en las iglesias. En la Campaña de difusión tiene una importancia capital cada uno de los sacerdotes. Ellos son los que están en contacto directo con los fieles. También sería interesante elaborar un díptico o triptico explicando brevemente en que consiste el año sacerdotal, algunas formas de participar activamente (oración diaria, rosarios, sacrificios, apostolado) y la oración oficial.
  • MANUAL PARA EL AÑO SACERDOTAL. Sería muy conveniente, la elaboración de un manual para el año sacerdotal donde se contenga material para los jueves eucarísticos o sacerdotales. Y, que incluso, en ausencia del sacerdote, los fieles puedan reunirse a orar en torno a Jesús Sacramentado.
  • ESTAMPAS. Otro medio para que la participación de los fieles sea intensa son las típicas estampitas con la oración oficial del Año Sacerdotal y una imagen del Buen Pastor u otra.
  • CATEQUESIS. También desde las delegaciones del Clero y desde la de Catequesis se pueden elaborar unas catequesis sencillas para que los niños y jovenes tomen conciencia de la importancia del sacerdocio en la fe cristiana y la importancia de la oración por ellos. Vinculado con esto, está el trabajo de la Pastoral juvenil y de la Pastoral de la Infancia que ha de esforzarse este año en que los jovenes y los niños tengan una idea clara de lo que es el sacerdote y se sientan involucrados en actividades de oración y apoyo a los sacerdotes. Con respecto a los jóvenes y a los niños, podían realizarse encuentros de oración y de convivencia en los cuales diferentes sacerdotes den testimonio de su vocación.
  • GRUPO DE MONAGUILLOS. Raro es el sacerdote que no ha sido monaguillo en su infancia. Este primer momento de acercamiento al altar es muy importante y de lo que se vea en los sacerdotes dependerá mucho que surgan vocaciones del grupo de monaguillos. Por lo que sería muy conveniente involucrar a los monaguillos en este Año Sacerdotal con alguna actividad: primero, la oración por los sacerdotes y por su propio párroco, y segundo a nivel diocesano organizar alguna actividad especial teniendo como centro el Año Sacerdotal.
  • GRUPO INTENERANTE. Se podría crear por zonas o vicarías un grupo formado por algún sacerdote, por religiosos/as y por laicos que ayudasen a que en las parroquias se hiciesen encuentros de oración por los sacerdotes. Este grupo podría formar y dar apoyo para que estos actos de oración se hagan con la mayor dignidad y belleza posible.

Reflexión mensual (I) de Mons. Mauro Piacenza, secretario de la Congregación del Clero


“¿Queréis ejercer toda la vida el ministerio sacerdotal, colaborando con el Obispo en el servicio del Pueblo de Dios, bajo la guía del Espíritu Santo?”
(Pontificale Romanum. De Ordinatione Episcopi, presbyterorum et diaconorum,
editio typica altera (Typis Polyglottis Vaticanis 1990))


Queridos hermanos en el Sacerdocio:
Contemplando todavía con los ojos y con el corazón la experiencia espiritual de la inauguración del Año Sacerdotal, durante las Vísperas de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, presididas por el Santo Padre Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro, el pasado 19 de junio, es con gran alegría que me dirijo a todos vosotros en este “tiempo santo”, que nos ha ofrecido la Divina Providencia.
Alrededor de la mitad de cada mes y durante este Año escribiré con gozo una breve reflexión, siguiendo los textos de la Liturgia de la Ordenación Sacerdotal; pensamientos que nacerán del corazón y del amor por el Sacerdocio católico y que – espero – puedan contribuir a una modesta ayuda para la meditación y servir de “cristiana compañía” en este Año, que, con el Sucesor de Pedro, todos queremos y deseamos una profunda “renovación espiritual”.
La Iglesia ha enseñado siempre, con su maternal sabiduría, que el ministerio nace del encuentro de dos libertades: la divina y la humana. Si de una parte debemos recordar siempre que “nadie puede atribuirse a sí mismo este oficio porque uno es llamado por Dios” (CIC n. 1578), de la otra, es siempre un “yo humano creado”, con la propia historia e identidad, con las propias cualidades y límites, quien debe responder a la llamada divina.
La traducción litúrgica-sacramental de este asimétrico y necesario diálogo entre la libertad divina, que llama y la libertad humana, que responde está representado por las preguntas, que a cada uno de nosotros ha hecho el Obispo durante el Rito de la propia Ordenación, antes de la imposición de las manos. Juntos recorreremos, en los próximos meses, este “diálogo de amor y de libertad”.
Se nos ha preguntado: “¿Queréis ejercer toda la vida el ministerio sacerdotal, colaborando con el Obispo en el servicio del Pueblo de Dios, bajo la guía del Espíritu Santo?” Hemos respondido: “Sí, lo quiero”.
La respuesta libre y consciente se fundamenta en un acto explícito de la voluntad (“Queréis ejercer” “lo quiero”), que – bien lo sabemos – necesita ser constantemente iluminada por el juicio de la razón y sostenida por la libertad, con el fin de que no llegue a ser un voluntarismo estéril o, cosa peor, para que no cambie en el transcurso del tiempo llegando a la infidelidad. Por su misma naturaleza, el acto de la voluntad es estable porque es un acto humano, en el que se manifiestan las cualidades fundamentales, de las que el Creador nos ha hecho participantes.
El compromiso adquirido es “para toda la vida” y consecuentemente no es en relación a entusiasmos o gratificaciones más o menos evidentes, ni mucho menos a momentos sentimentales. El sentimiento juega un papel determinante en el rol del conocimiento de la verdad, pero a condición de que, como una lente, sea colocado en su “justo punto”; de este modo no sólo no obstaculiza el conocimiento, sino que lo favorece. Sin embargo, esto es sólo un factor del conocimiento y no puede ser el determinante.
Nuestra voluntad ha aceptado ejercer el “ministerio sacerdotal”, no otras “profesiones”. Sobre todo hemos sido llamados a ser sacerdotes siempre – como nos recuerdan los Santos – en cualquier circunstancia, ejerciendo con nuestro ser el ministerio al que hemos sido llamados. ¡No se hace el sacerdote, sino que se es sacerdote!
Queridos hermanos, en este Año Sacerdotal renovemos la conmoción de despertarse cada mañana recordando aquello que somos, aquello que el Señor ha querido que fuéramos en su Iglesia: Para El, para su Pueblo, para nuestra misma salvación.
Cada uno de nosotros es parte de un “organismo”, llamado a colaborar mostrando, en modo diverso, la Cabeza de este Cuerpo. Siempre “colaborando con el Obispo”, obedeciendo sus indicaciones y “bajo la guía del Espíritu Santo”, esto es, en el respiro de una constante oración. Sólo quien reza puede escuchar la voz del Espíritu. Como ha recordado el Santo Padre en la Audiencia General del primero de julio pasado: “Quién reza no tiene miedo; quién reza no está nunca solo; quién reza se salva”.
La Virgen María, Mujer “del todo” y del “para siempre”, nos asista y nos proteja. Buena continuación del Año Sacerdotal.
+ Mauro Piacenza
Arz. Titular de Vittoriana
Secretario

Vaticano a 15 de julio de 2009

jueves 16 de julio de 2009

SIGNIFICADO DEL LOGO DEL AÑO SACERDOTAL

La iconografía corresponde a aquella del Sagrado Corazón, como hecho de que la Jornada anual de la santificación sacerdotal ha siempre coincidido, desde su institución, con la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Es por eso que inmediatamente presenta el tema de la específica santidad a la que es llamado el ministro sagrado.
La visibilidad del Corazón, que expande sus rayos, hace recordar la frase del Santo Cura de Ars, quien define el sacerdocio como “el amor del Corazón de Jesús”.
La estola, que reviste la figura de Jesús, lleva a considerar su Ser de Sumo y Eterno Sacerdote y el hecho de que todo presbítero debe constituir continuidad de aquel Único Sacerdote en la historia y entre las futuras generaciones.
Los brazos abiertos quieren manifestar la forma típica orante y de meditación, que son propias del sacerdote. Las llagas en las manos y en el costado, visibles en la figura del logo, recuerdan el único sacrificio redentor y quieren dar a conocer la satisfacción vicaria y la total entrega de sí, típicas en el sacerdocio. La actitud de acoger parece que quiere decir: “Venid a mi todos los que estáis cansados y oprimidos que yo os aliviaré”. Invitación consoladora para cada sacerdote, que sufre la fatiga del trabajo diario movido por la caridad pastoral, también en los campos más áridos y llenos de piedras y que, a su vez, muestra la misma actitud a favor de aquellos que le son cercanos, como de aquellos lejanos.

Oración a la Virgen del Carmen por los sacerdotes

¡Oh Virgen Santísima, Nuestra Señora del Carmen!
Jamás podremos corresponder dignamente
a los favores y gracias que nos has hecho
al darnos tu santo Escapulario.
Acepta nuestro sencillo agradecimiento
y, ya que nada te podemos dar que sea digno de Ti,
ofrecemos nuestro corazón, con todo su amor,
y toda nuestra vida.
Madre de los sacerdotes, Virgen del Carmen,
protegelos a todos bajo tu manto
para que se vean libres de todo aquello
que pueda dañar su vocáción.
Hazlos santos, grandes amantes de tu Santo Escapulario,
que conduzcan a todas las almas
hacia Cristo, monte de la salvación.
Amen.